Por: Fernando Blanco

Antonio Vega

Desde que el 12 de mayo, por la mañana, falleciera Antonio Vega a la edad de 51 años, no ha habido medio de comunicación (radio, TV, prensa, Internet…) que no se haya hecho eco de su marcha. Y de su marcha definitiva, porque con excesiva frecuencia hubo noticias de su muerte, luego desmentidas, en los últimos 20 años de su vida. Hasta un punto tal que algunas personas tenían conocimiento de lo primero, pero no de lo segundo, y ya daban por seguro que Antonio Vega había concluido sus días consumido por la heroína. Y decían aquello de “se veía venir…”, cuando tan sólo fueron recaídas de las que se levantó una y otra vez. Frase ésta con una cadencia similar a la que plasmó el propio músico en “Se dejaba llevar por ti”, en alusión a su especial e íntima relación con el mundo de las drogas.

Ahora sí. Ahora nos ha dejado uno de esos artistas dotados de una sensibilidad única, de una capacidad inigualable para combinar poesía y música, de una voz extraordinaria gracias a su aparente fragilidad. Los títulos de canciones elevadas al altar de los iconos del pop se suceden: ‘Desordenada habitación’, ‘Como la lluvia al sol’, ‘Se dejaba llevar por ti’, ‘Una décima de segundo’, ‘Chica de ayer’, ‘El sitio de mi recreo’, ‘Lucha de gigantes’, etc.

El que escribe estas líneas conoció personalmente a Antonio Vega a principios de 1993, en uno de sus momentos más difíciles. Disuelto Nacha Pop, a Antonio Vega apenas si le sostenían las fuerzas para salir a un escenario en su nueva andadura en solitario. En el camerino, poco antes de una actuación, le entrevisté. Mirada clavada en el suelo, un hilo tenue de voz, parcas respuestas. Nunca estuvo cómodo en primera fila del estrellato. Tímido, incluso torpe, su figura tocaba el Olimpo cuando cantaba versos extraídos del abismo que era su alma. En cambio, su manager era de un tosco insoportable y yo me preguntaba qué tenía que ver uno al lado del otro.

Un año antes nos había hecho otro de sus regalos maravillosos. En 1992 publicó ‘El sitio de mi recreo’, votada como la mejor canción del año por los oyentes de Radio 3. Una obra de una simpleza grandiosa, unos cuantos acordes, unos punteos y esas palabras…

“De sol, espiga y deseo
son sus manos en mi pelo.
De nieve, huracán y abismos
el sitio de mi recreo”.

Antonio Vega se deslizaba por una pendiente muy difícil de remontar, como escribiera en ‘Se dejaba llevar por ti’:

“Y tú
no lo pienses más
o te largas de una vez
o no vuelves nunca hacia atrás”.

 

Sus compañeros de profesión le querían, le respetaban, le admiraban. Los aficionados a la música le amábamos por todo lo que nos hacía sentir. La plasmación del cariño de los músicos quedó patente en el disco tributo de 1993, ‘Ese chico triste y solitario’. Con parte de esos músicos, Antonio Vega era una referencia constante en tributos a otros colegas. Cogió la enorme canción de Joan Manuel Serrat titulada ‘Romance de Curro “el Palmo”’ y los versos más bellos de una declaración de amor cobraron un relieve aún mayor:

“Ay, mi amor,
sin ti no entiendo el despertar.
Ay, mi amor,
sin ti mi cama es ancha.
Ay, mi amor,
que me desvela la verdad,
entre tú y yo la soledad,
y un manojito de escarcha”.

Luego, en 1999, se publicó el disco de homenaje a la copla por artistas del rock, pop y cantautores. Nunca el verso escrito por Quintero, León y Quiroga había sonado tan desgarrador como cuando Antonio Vega entona “Ay, pena, penita, pena…” Y él es el encargado de abrir el disco homenaje a Pepe Risi, guitarrista y cantante de Burning, en ‘Una noche sin ti’. Era 1998, el mismo en que el sello Polygram hizo una apuesta por sacarle de una vez del callejón de la semioscuridad. Sale un fantástico álbum, ‘Anatomía de una ola’. Días antes de su lanzamiento al mercado, la disquera reúne a unos cuantos periodistas para una escucha previa. No sólo oímos las canciones, sino que filtraron detalles de cómo se había realizado la producción, de la infinita paciencia y mimo para que Antonio Vega grabara esas canciones con uno de los mejores productores de este país, Joan Bibiloni.

Con él se podían tener detalles negados a la mayoría. Porque él compuso la canción que mejor simboliza el fenómeno conocido como ‘movida madrileña’, pieza una y mil veces repetida, título que para muchos es la mejor canción del pop español. Es, claro, ‘Chica de ayer’:

“Un día cualquiera no sabes qué hora es
te acuestas a mi lado sin saber porqué
las calles mojadas te han visto crecer
y tú en tu corazón estás llorando
otra vez”.

Hoy somos nosotros quienes te lloramos y te agradecemos lo felices que nos han hecho tus canciones.