
Cuadro que ilustra el encuentro del ejército francés con El Empecinado
El 7 de enero de 1811 a primera hora de la noche un cuerpo considerable de franceses, procedentes de Berlanga, se presentó ante la villa de Atienza. Estas tropas estaban bajo el mando del general Duvernet, gobernador militar de la provincia de Soria. Sorprendieron a los habitantes del lugar y durante los días 7 y 8, después de haber cometido los excesos que acostumbraban, prendieron fuego a más de setenta casas en su población. También padecieron el saqueo los diferentes templos de la villa, en los que se apropiaron de la plata y de las ropas que encontraron en sus interiores. Tras el estos hechos las tropas se dirigieron el día 9 hacia Sigüenza en donde se debían encontrar con las tropas del general Hugo, procedentes de Brihuega y Guadalajara.
A pesar de que los franceses iniciaron la marcha con prontitud, los habitantes de Sigüenza tuvieron conocimiento del incendio y saqueo de la villa de Atienza. Así que la población procedió, como en otras ocasiones, a abandonar la ciudad ante la eminente llegada de las tropas. Muchos de los vecinos se internaron en el pinar llegando hasta las cercanías de Barbatona, donde permanecieron ocultos.
Los sucesos ocurridos con ocasión de este movimiento de tropas francesas sobre Sigüenza figuran en un comunicado enviado por el brigadier Juan Martín, el Empecinado, a la Junta Superior de Guadalajara que se encontraba en la localidad de Huertahernando. Transcribimos aquí la misiva que hizo llegar y en la que narra con detalle la situación que se estaba viviendo.
“Como a la una de la tarde de ayer descubrieron mis avanzadas en el valle de Imón al enemigo que venía desde Atienza, y avanzaba hacia Sigüenza en número de 1.000 infantes y 500 caballos. Al primer aviso, mandé poner sobre las armas a toda la tropa que se hallaba en la ciudad, y consistía en 2 compañías de a caballo al mando de los capitanes Vicente Sardina y Saturnino Albuin, y 500 infantes que componen el Batallón de Tiradores a las órdenes de Nicolás de Isidro. La caballería salió a encontrarse con el enemigo hasta cerca de Palazuelos, y sus guerrillas se batieron como acostumbran. No podía defender la ciudad por la inferioridad de fuerzas; pero sin embargo se disputó la entrada en ella con demasiada obstinación. El comandante francés se empeñó en perseguirnos, y nosotros en defendernos. La caballería por la carretera y la infantería por la altura del molino, se fueron retirando con buen orden haciendo un horroroso fuego, hasta que una y otra se internaron en el pinar de Barbatona. Sin embargo el enemigo se esforzó en penetrar con el intento de arrollarnos, pero aunque avanzó por diversos puntos hasta el mismo Barbatona, no consiguió su designio, y sí el que sus tropas experimentasen una cruel carnicería, porque los tiradores al abrigo del monte dirigían sus fuegos a placer contra la caballería, la mayor parte de la guardia imperial, que avanzaba con indecible arrojo. Estoy muy satisfecho del denuedo con que se han batido las tropas de una y otra arma que tengo el honor de mandar: Todas se portaron con espíritu y bizarría, sin excluir la compañía del mando de José Mondedeu que llegó a la ciudad desde Canredondo cuando el enemigo daba vista a Sigüenza, y llegó su deber, a pesar de la larga marcha de 5 leguas que había hecho, y de que los caballos y jinetes estaban en ayunas.
Debo también recomendar a V.E. la extraordinaria valentía que mostraron los siete holandeses desertores del enemigo, que de los once que el día anterior se habían pasado con armas y caballos, están incorporados en la compañía de Saturnino Albuin. Los vi más de una vez mezclarse los primeros con los enemigos, y rechazarlo a cuchilladas. En premio de su esfuerzo y para estímulo de los demás, he dispuesto que se les gratifique con 40 rs. a cada uno, esperando que será de la aprobación de V.E. La pérdida del enemigo ha sido muy considerable; no puedo aun asegurar a cuanto asciende la nuestra, pero creo no pase de 2 ó 3 muertos, 3 prisioneros, y 6 u 8 heridos, algunos de gravedad.
Nos hallamos en ésta; si el enemigo viniese en busca nuestra, pienso retirarme, cortar sus progresos, y facilitar la más pronta reunión con el resto de las tropas; y para el caso que los franceses intenten penetrar en esta serranía, comunico las órdenes correspondientes al comandante del Batallón de Voluntarios, y a los de la cuarta y quinta compañía de a caballo, y yo con la tropa que tengo les tomaré la retaguardia.—Medinaceli, 10 de enero de 1811.—El Empecinado.”
En el citado lugar de Barbatona, en el interior del Santuario de Nuestra Señora de la Salud podemos ver noticias de este acontecimiento. En el camarín que existe en la parte posterior del altar de dicha iglesia, al lado de la imagen de la Virgen de la Salud existe una cartela con una inscripción detallada que conmemora lo ocurrido en sus cercanías, y dice lo siguiente:
En el año de 1811, día 9 de enero, la división de los franceses de Soria compuesta de 3.000 infantes y 1.000 caballos atacaron a la ilustre ciudad de Sigüenza en donde se hallaba la de D. Juan Martín alías el Empecinado con parte de su división la que se batió y no pudiendo resistir el gran número se retiraron con orden por este lugar a Bujarrabal y los ciudadanos que en este lance se hallaban fugados de los enemigos en el pinar de dicha ciudad en medio de dos fuegos imploraron el divino auxilio de María Santísima y por un milagro patente cortó la luz al día por lo que retirándose el enemigo quedaron libres, y en acción de gracias se mandó por la Cofradía manifestar este portento que dispensó la Señora para que en todo tiempo conste.
En el techo de dicho camerín, existe una representación pictórica de dicha batalla. Allí podemos ver la escena que nos traslada en el tiempo al suceso acaecido en dicho lugar aquel 9 de enero de 1811.