Por: Redacción

Juan Carlos García Muela junto a una reproducción de una foto antigua de la calle Cardenal Mendoza

Juan Carlos García Muela, profesor recientemente jubilado y antiguo alcalde de Sigüenza en el periodo 1987-1991, lleva más de cuatro años empeñado en ofrecer una historia del comercio seguntino. En la recta final de su trabajo quisimos que nos hablara de su libro y de las características del comercio en Sigüenza a lo largo del siglo XX.

 
¿Cuál es el objeto del libro que tiene entre manos?

El libro pretende recoger todo lo que ha sido el comercio de Sigüenza entre 1900 hasta el 2000. Al mismo tiempo se trata de dar una idea de lo que ha sido la sociedad seguntina a lo largo del siglo XX y los problemas que ha podido haber con los comercios, comerciantes, dependientes. No se trata de una enciclopedia sino un recordatorio para que las sucesivas generaciones tengan una idea de lo que ha sido Sigüenza, quién ha estado anteriormente en cada sitio y por qué han estado allí. Llevo localizados alrededor de 1.900 comercios.

¿Cuándo empieza a consolidarse en Sigüenza el comercio?

La edad de oro del comercio comienza con la llegada del ferrocarril; en 1862 empiezan las obras de construcción de las vías, la primera circulación de los trenes. Por aquellos tiempos los anuarios caracterizan a Sigüenza como ciudad agrícola. A 50 kilómetros de alrededor la gente venía a Sigüenza a traer el trigo, la cebada, cobraba y eso era una mina para los comerciantes porque les tenían que surtir a los agricultores de todo, mantas, aperos, alimentos. Hubo almacenistas que se hicieron millonarios en estos primeros años. A la sombra de los almacenes se empezó a desarrollar el barrio de la estación. En un principio lo que había allí era solamente almacenes para facilitar la llegada del material por el tren, tenerlo cerca y luego hacer el reparto a toda la población. Dionisio García Jiménez fue un almacenista que llegó a tener 400 empleados a sus órdenes en un momento determinado. También los hermanos de Grandes eran unos almacenistas muy importantes.

Una vez que se empezaron a ampliar las líneas y el ferrocarril llegó a Soria, bajó el volumen de negocio, ya no tenían que venir por ejemplo los de Almazán a Sigüenza, ya tenían allí el ferrocarril, eso se empezó a notar y el comercio empezó a decaer.

Uno de los antiguos almacenes situado junto a la vía del tren

 

Además de los almacenes cercanos a la estación, también habría tiendas en otros lugares...

Las tiendas estaban muy repartidas por la ciudad. En las Travesañas la mayoría de las tiendas eran de ultramarinos, vendían cosas pequeñas, alimentos de primera necesidad, judías, lentejas, productos de la huerta, chucherías para los chicos, leche, calzado, churros, había de todo, sobre todo en la Travesaña baja. Eran tiendas muy pequeñas. Llegó un momento que empezaron a trasladarse a la Calle Guadalajara, a la Calle Humilladero, a la Calle Medina.

 ¿Cómo eran los comercios? ¿tenían empleados? ¿eran negocios familiares?

Hasta el año 1940 fundamentalmente tenían dependientes, trabajaba el dueño y varios dependientes. A partir de esa fecha disminuye el número de dependientes pero a partir de los años 70 desaparecen todos y pasan a ser negocios familiares. La causa fundamental es la cotización de la seguridad social, cuando se implantó el régimen de la seguridad social, las cuentas no salían y los negocios empezaron a hacerse familiares.

¿Hubo conflictos sociales entre los dependientes y los patronos?

El trabajo en los comercios era muy duro, abrían prácticamente todos los días y hubo movimientos de protesta entre los dependientes para que se cerraran por lo menos a las dos de la tarde. Llegaron a declarar en huelga para pedir la reducción de jornada. Hasta que apareció la ley del descanso dominical se trabajaba todos los días de la semana.

¿Había asociaciones entre los dependientes?

Yo no he encontrado absolutamente nada acerca de la asociación de dependientes, sé que la hubo por los periódicos que hablaban de la Asociación de Dependientes cuando había algún conflicto. La huelga general que se produjo no terminó en un desastre porque se impuso la cordura. Narro en el libro las vicisitudes de aquellos días porque he tenido la oportunidad de consultar dos o tres periódicos. Los comerciantes al ver que los dependientes podían tener esa fuerza al asociarse, también crearon su propia Unión Patronal. También la aparición de la Cooperativa San José Obrero hizo que los precios se contuvieran, esta cooperativa llegó a tener unos 600 socios, eso contribuyó a que los comerciantes mantuvieran precios razonables.

¿Qué clientela tenían los comercios seguntinos?

Fundamentalmente eran de los pueblos de alrededor, Sigüenza a lo largo del tiempo se ha mantenido en torno a los 5.000 habitantes pero donde el bajón ha sido impresionante es en los pueblos de alrededor. En Alcuneza por ejemplo vivían más de 500 personas en una época, en Palazuelos una cantidad parecida, el pueblo que menos, tenía 200 y pico. Venían a comprar a Sigüenza, incluso las pequeñas tiendas de esos pueblos tenían que venir a Sigüenza para surtirse.

¿Qué significaban los días de mercado y las ferias?

Eran momentos fundamentales para el comercio y en las ferias se triplicaba la población. También había gente que acudía a los almacenes de Sigüenza, compraba y vendía la mercancía en los pueblos. Mi padre que tenía un negocio de cacharros recibía a tres personas los fines de semana que se llevaban las cazuelas y otros utensilios para poder venderlos por los pueblos. Incluso en los almacenes Robisco cuando empezaron a ver que la población disminuía, ellos mismos llevaban a los pueblos sus propios tejidos con una furgoneta. Los animales eran el objeto de la feria pero luego había que aprovechar todo lo demás para vender todo lo que se podía; material, abono, comestibles, etc. Sigüenza era entonces el verdadero centro económico de toda la comarca.

¿Cómo evoluciona el comercio en la época de la República?

La población de Sigüenza, entre 1930 a 1935 experimentó un aumento espectacular. En el hospicio, donde estaba entonces la fábrica de alfombras, trabajaban lo menos 70 personas, había una fábrica de calzados, un taller de estructuras mecánicas, todo eso atraía a la gente de alrededor y había una actividad tremenda. Si no hubiera sido por la guerra civil, Sigüenza hubiera mantenido la población, esas fábricas hubieran ido a más y nunca sabremos cual hubiera sido la evolución.

¿Qué supuso la guerra para el comercio?

La guerra fue un desastre desde todos los puntos de vista porque 5.000 personas de aquí más los que vinieron, tenían que comer. En circunstancias normales hubiera sido fácil, pero si te daban un vale y luego no había forma de cobrarlo, género que salía, género que no se vendía. Lo pasaron fatal tanto los comerciantes como la gente en general porque no había de nada. Tuvieron que ingeniárselas por todos los medios para encontrar por lo menos algo para comer. La estación por ejemplo fue objetivo militar para la aviación, al paralizarse la estación ya no podían venir los trenes y se produjo desabastecimiento.

¿Y cuál era la situación en la posguerra?

Con el racionamiento cada uno tuvo que buscarse la vida de la mejor manera posible. No se encontraba prácticamente nada, los que vivían un poco mejor eran los agricultores que tenían harina, y con lo que sembraban en sus casas, tenían por lo menos asegurada la comida y la utilizaban como trueque. También me han contado que había gente que sembraba tabaco para poder fumar y para hacer trueque con él.

A partir de ahí, una vez que empezó a liberalizarse el comercio, como había que comprar de casi todo, los almacenes de muebles, las ferreterías, los tejidos empezaron a moverse y a arrastrar a los demás. En los años 50 hay un cierto resurgimiento, mucha gente se hizo su casa, arregló las tiendas, pero luego llegó el Plan de Estabilización y se volvió a pasar bastante mal porque no circulaba el dinero. Se retrajo el consumo de tal manera que fue otro periodo duro para el comercio.

¿Es entonces cuando cambia el carácter de los comercios?

A partir de los años 50 las propias familias empezaron a hacerse cargo de los establecimientos y quedaron muy pocos dependientes. El que tuvo oportunidad de marcharse no lo desaprovechó. También hay que destacar una cosa importante, la gente que había estado en Sigüenza en un comercio y se fue a otro de fuera siempre fue valorada por los jefes como personas muy preparadas. Tomás Lapastora, se tuvo que ir porque había aquí 6 ó 7 panaderos y no había sitio para todo el mundo. Se fue a Madrid, entró en una fábrica y cuando le vieron funcionar le hicieron encargado general y así estuvo hasta que se jubiló. En muchos casos cuando sabían que venían de Sigüenza y se dieron cuenta de cómo se desenvolvían les ascendieron.

¿Cómo evoluciona el comercio en los años 60?

En los años 60 con la emigración de los pueblos desaparecieron los clientes, los comercios que aguantaron empezaron a actualizar las tiendas y convertirlas de ultramarinos a supermercados. Mucha gente se dio cuenta que la única manera de competir con las grandes cadenas era yendo a su propio terreno y utilizando las franquicias para poder subsistir.

¿Cómo evoluciona un sector importante del comercio como es el de hostelería?

En un principio existían las tabernas clásicas que eran lugares donde se reunían los vecinos y la gente afín. Era también la forma de la familia de asegurarse unos ingresos para poder subsistir, precisamente el problema que tuvo la ley de descanso dominical fue la de cerrar las tabernas. En el año 30 había por lo menos 36 tabernas según un anuario, aunque habría más porque en los anuarios no figuran todas. Era un sector importante, no hay más que ver la entrada del vino y el arancel que tenía que pagar, ese era uno de los capítulos importantes de ingresos de la ciudad. Juanito Sánchez, el de la Marina, se iba a Sacedón y se traía de allí el vino, y había 4 ó 5 taberneros más que se dedicaban a lo mismo. En cuanto a los establecimientos hoteleros, existían fondas, estaba el Hotel Comercio que tenía una capacidad de 120 personas, estaba en los aledaños de la plaza mayor aunque no he conseguido saber donde exactamente se ubicaba. También el Hotel Florida que se encontraba donde ahora está el Museo Diocesano, el Venancio, el Elías (que es de finales del siglo XIX). Eso se mantuvo hasta la guerra, después aparecieron muchas pensiones, empezaron a florecer como setas las casas de huéspedes -había muchos funcionarios de correos, telégrafos, ferrocarril- también se creaban como complemento de la economía familiar. Las casas de huéspedes tenían clientela local mientras que los hoteles se nutrían de clientes de fuera. Fue muy importante la transformación del castillo en parador y a partir de ahí surgieron muchos otros establecimientos hoteleres.

¿Y La Alameda?

En un principio había dos quioscos de madera, luego se añadió un tercero, en el año 1929 Agustín Hervás construyó el de piedra. Después de la guerra hicieron El Triunfo, y en el año cincuenta y tantos, el Miaga. Cada kiosco tenía su ambiente como sigue pasando ahora. Se organizaban verbenas y conciertos después de la hora del café. Las peleas de siempre por la poda de los árboles, por las sillas que sacaban, La Alameda ha tenido una vida propia en todos los sentidos. Durante unos años se instaló un barracón de teatro y durante el verano se representaban multitud de espectáculos teatrales. Venían compañías profesionales pero los segundos papeles los representaban gentes de Sigüenza.

¿Cómo evoluciona el comercio desde los años 70?

El comercio desde esos años no ha tenido la importancia que anteriormente. Ha ido disminuyendo y además se han ido aclimatando a los tiempos. Antes en un comercio tenían absolutamente de todo. A partir de los 70 cada comercio se fue especializando y la gente ha ido tirando. Unos han aparecido, otros han desaparecido, otros se han transformado, pero por lo menos no se ha producido como se llegó a temer en un momento determinado la despoblación y la ruina para la ciudad.

¿Cuál ha sido tu método de trabajo para elaborar el libro?

Ha sido un totum revolutum. Lo primero que hice fue revisar los anuarios para ver la relación nominal de los comercios, después he acudido al ayuntamiento para ver lo que había allí, en realidad hay muy poca información de antes de los años 50 porque entonces no había que pedir los permisos de licencia de apertura. Antes la gente abría un negocio o cerraba por un convenio entre dos personas. Luego he consultado a la prensa. He tenido la suerte de ver un periódico que se editaba aquí en 1915 hasta 1917 de periodicidad semanal, que se llamaba Sigüenza, allí he podido saber cuando vino el teléfono por primera vez. Otra fase es la de preguntar a las personas mayores que son por las que he podido localizar muchos comercios en determinados sitios. Con las reservas de que no siempre la información es exacta, pero te dan una aproximación que luego hablando con otros la puedes confrontar. El último paso es hablar con los propios comerciantes y requerir esos datos, por lo menos los segundos apellidos, curiosamente gran parte de la gente desconoce el segundo apellido de su abuelo y de su abuela. A veces las informaciones que me dan las familias no son las mismas que las que me da el ayuntamiento. Esa es una de las dificultades que tengo para terminar el libro, si hubiera hecho una tarea de aliño hubiera terminado ya, a medida que te van facilitando datos da lástima no incorporarlos. De cualquier forma espero que el libro esté terminado para primeros del mes de julio.

Antigua imagen de la calle más comercial de Sigüenza