Por: Flanagan

Tercera incursión del asturiano Joaquín M. Barrero en el mundo de la narración. Este analista químico de profesión ya jubilado dio un campanazo en 2005 con El tiempo escondido, finalista del premio Memorial Silverio Cañada en la XIX Semana Negra de Gijón. En este libro, cuya crítica ya efectuamos en estas páginas en su día, nos hablaba del desgraciado vivir de muchas familias humildes en el Madrid de la posguerra, tema que de alguna forma recoge en esta última obra que  ahora figura entre las más vendidas en las librerías las últimas fechas. Personaje central en sus novelas, el detective privado Corazón Rodríguez (que, como es el caso de casi todos sus colegas literarios se trata de un antiguo policía), sufre un sobresalto: su despacho ha sido asaltado con violencia, resultando malherido un empleado tras una paliza de los intrusos. Todos sus archivos desaparecen, pero gracias a las copias de seguridad establece que hay tres casos que pueden haber motivado el atraco: la extraña desaparición en 1956 de un coronel del ejército del Estado Mayor en un barco regresando de Melilla a la península; la búsqueda de una mujer que mantuvo una intensa relación con un brigadista inglés al comienzo de la Guerra Civil, llevada a cabo por un descendiente de aquél, que a su vez es víctima de otra agresión y, finalmente,  el rapto de una joven alemana por una red de prostitución,  asunto en que de nuevo la violencia viene a hacer acto de presencia.

Con estas informaciones, el detective inicia unas investigaciones que le harán de nuevo sumergirse en los oscuros tiempos de la guerra civil en Madrid, la posguerra y el franquismo. Corazón Rodríguez es un detective algo atípico en relación con los colegas que afloran por las librerías: investiga siempre en el pasado más cercano, tiempo en la historia que parece conocer a la perfección. De su busca surge un momento histórico que la sociedad española ha preferido olvidar y que el libro trata de traer a la memoria colectiva: la triste aventura de los niños españoles enviados a Rusia durante la guerra. Separados de sus seres queridos, tardarán años en volver a la patria, cuando por fin los gobiernos ruso y español dejen a un lado sus particulares querellas y piensen tan sólo en los dramas personales. Pero para entonces, ya no eran unos niños y se encontraban, no pocos, más identificados con la tierra done han crecido y aprendido un oficio que con el país lejano que les vio nacer y en donde terminó su infancia, arrebatada al salir camino de lo desconocido. Este drama campea por las páginas de la novela como nexo de comunicación de las acciones investigadas y de compadreo entre el autor y el lector. De tal forma que la estructura del libro viene condicionada con ese acontecimiento.  El autor profundiza con todos estos elementos en la necesidad de recuperar el pasado. En su opinión, “la ley de la memoria histórica supone encontrar unos restos para poder enterrar a los familiares. Pero hay otra memoria, que es la recuperación del recuerdo. Es algo muy importante. La guerra española marcó un hito. Fue la última guerra poética que hubo en el mundo.” Ideas que son llevadas de propósito a su obra, fiel a tales parámetros. Las más de 500m páginas de esta obra son toda una exposición de memoria y reivindicación de las generaciones que pagaron el peaje por recuperar la vida privada y la dignidad de ciudadanía, bien expuesto en un lenguaje tan sencillo como directo, y una puesta en escena realmente excelente.