Por: Jose María Cañadas

La ermita de la Virgen de Aranz junto al pantano de la Tajera

El pantano tragó los pueblos y caminos. Y en teoría podía cubrir esas dos ermitas también... Pero al final no fueron anegadas por las aguas. Las Romerías de la Virgen de Aranz y de la Virgen de las Cuevas, en los pueblos de El Sotillo y Torrecuadrada respectivamente, se celebran al borde literalmente del abismo; el abismo del pantano y el abismo del olvido.

Con la primavera empiezan las romerías en los pueblos. Una de ellas, poco conocida por su peculiar ubicación, es la Romería a la Ermita de la Virgen de Aranz que celebran los vecinos de El Sotillo, el domingo anterior a la fiesta de la Ascensión.

Junto a la ermita de la Virgen de Aranz el día de la Romería

No resulta fácil llegar al lugar donde se celebra la Romería. En primer lugar para llegar a El Sotillo desde la A-2, hay que atravesar el trayecto lleno de baches entre la gasolinera del km.107 hasta el cruce de caminos con la indicación a El Sotillo a la izquierda y Las Inviernas a la derecha; al frente se llega al pantano de la Tajera. Un trayecto que se mal parcheó hace algo más de un año pero que ha vuelto a su antiguo aspecto de campo minado.

Una vez llegando a El Sotillo sólo con la providencial ayuda de dos de sus vecinos, los hermanos Langa, a través de un intrincado y serpenteante camino pedregoso de tierra, pudimos acceder al privilegiado lugar donde se encuentra la Ermita de la Virgen de Aranz.

Acompañando a la Virgen en la procesión

De repente, tomando una curva se nos apareció la grandiosa imagen de la Ermita junto al pantano de la Tajera. Un pantano formado con el caudal del río Tajuña con una larga y no siempre clara historia. Al parecer empezaron las expropiaciones en los años 60, pero las obras no comenzaron hasta los 80 y a causa de fallos en su construcción solo se pudo inaugurar la presa en la década de los 90 del pasado siglo. Actualmente, el embalse de la Tajera, que pertenece a la Confederación Hidrográfica del Tajo, abastece de agua a los pueblos del suroeste de la Comunidad de Madrid.

La vista de aquel espléndido paraje nos compensó de las penalidades sufridas para acceder al lugar. El camino tradicional para acceder a la ermita se anegó cuando se llenó el pantano, en aquel entonces se subía desde allí derecho al pueblo, ahora hay que dar la vuelta a la montaña.

Llegamos a tiempo para asistir a los ritos de la romería, que como en tantos otros pueblos incluyen una pequeña procesión alrededor de la ermita y la subasta de las andas del paso de la Virgen con objeto de recaudar fondos para el mantenimiento del lugar.

 

Luis Langa y Agustín Mingo el día de la romería

Al llegar encontramos a un viejo conocido, Agustín Mingo, antiguo alcalde de El Sotillo, que nos ilustra sobre el lugar y sus tradiciones. “Es difícil llegar aquí pero eso tiene su encanto, si esto estuviera en un sitio de paso, estaría desguazado”, comenta Agustín refiriéndose al lugar.

La ermita es en su origen románica del siglo XIII, aunque como ocurre en otros casos, su interior se encuentra cubierta de yeso lo que impide contemplarla en toda su pureza. Una iglesia que ha sufrido muchas vicisitudes, incluso una parte al parecer se quemó durante la Guerra Civil, pero que el tesón del pueblo ha hecho que se mantenga en pie y haya llegado hasta nosotros en buen estado.

 

La Virgen de Aranz dentro de la ermita el día de la romería

La imagen de la Virgen de Aranz es una espléndida talla románica aunque no resulta fácil contemplarla en su estado primitivo ya que la cubren diversos ropajes. En un lateral de la ermita se exponía la Virgen durante todo el mes de mayo y luego se la subía al pueblo. Esto se dejó de hacer hace más de 30 años ante el temor de que robaran una talla tan valiosa.

Sobre el origen de la ermita, Agustín nos comenta que en aquel paraje existía un pueblo o caserío denominado Aranz. Este nombre, que significa “espino” en euskera, denota un origen vasco de sus primitivos pobladores, nombre que choca con la toponimia existente por estas tierras. Luis Langa, implicado en la conservación de la ermita, nos señala una gran pila del agua bendita situada en el interior del tempo que se encontró hace pocos años al labrar las tierras de los alrededores.

Una de las asistentes más jóvenes. Al fondo la ermita de la Virgen de Aranz

La Confederación Hidrográfica del Tajo expropió el lugar en el que se encontraba la ermita cobrando el obispado una indemnización. En aquellos tiempos el obispado prometió que iba a hacer otra ermita en lo alto pero al parecer el proyecto quedó en nada. El nivel del agua al final no llegó a la ermita, y el pueblo decidió cuidarla. “Me metí de mayordomo y decidí que había que arreglar la iglesia y la verdad es que la gente colaboró a tope”, nos explica Luis Langa. “Lo bonito sería quitar todo el yeso y dejar el arco de medio punto que tiene, pero eso lo tendrían que hacer entendidos”, añade Luis que en un momento encargó ese trabajo a unos albañiles pero al ver que no tenían experiencia, decidió juiciosamente dejarlo como estaba hasta que pudieran encargarse de esta tarea verdaderos expertos en restauración.

Tras la ceremonia religiosa, los asistentes, la mayoría hijos del pueblo más algún forastero invitado, hacen una comida en el campo, formando círculos familiares. “Lo bueno que tiene esto es que siempre sobra comida y vosotros estáis invitados”, nos dice Agustín, añadiendo que lo que caracteriza a  El Sotillo es la unión que existe entre los vecinos. Unos vecinos que por otra parte, en su mayoría ya no viven en el pueblo aunque siguen manteniendo sus casas y acudiendo a sus fiestas tradicionales.

A pocos kilómetros de allí el mismo día 16 de mayo se lleva a cabo otra Romería, la de la Virgen de las Cuevas en Torrecuadrada, que este año coincide en las fechas con la del Sotillo.

Guiados por Agustín, que se prestó amablemente a conducirnos allí, nos dirigimos al lugar por un camino pedregoso que bordea el pantano, trayecto que nos hizo de nuevo temer por la integridad de nuestra pequeña furgoneta.

Los restos de la ermita de la Virgen de las Cuevas junto al pantano de la Tajera

A diferencia de El Sotillo, en este pueblo, la primitiva ermita de la Virgen de las Cuevas ya sólo es un edificio en ruinas. De hecho, la romería dejó de celebrarse, cuando se produjo el despoblamiento de la comarca allá por los años 60. Ahora ha vuelto a renacer gracias a la Asociación de Vecinos del pueblo y al apoyo del Ayuntamiento de Torremocha (Torrecuadrada es ahora pedanía de Torremocha del Campo).

Jacinta Simón y Trinidad Hernándo

Dos vecinas que se encontraban en el lugar, Jacinta Simón y Trinidad Hernándo, nos explican las claves de la festividad. “Es una tradición de hace muchísimos años, de nuestros abuelos, cuando la ermita estaba allí abajo”. Nos cuentan que al expropiarse los terrenos para hacer el pantano la tradición se perdió pero desde hace unos diez años pensaron en reanudar las antiguas costumbres. Con piedras recogidas de la antigua ermita, construyeron una pequeña capilla donde ahora instalan la imagen de la Virgen de la Cueva. “Desde el pueblo venimos con la virgen rezando el rosario y cantando canciones antiguas que hemos encontrado, luego se hace una comida de hermandad”, nos dice Jacinta. “Se llama la Virgen de las Cuevas porque por lo visto había un pueblo ahí debajo que se llamaba Las Cuevas”, añade Trinidad. A continuación nos narran una leyenda para explicar la desaparición de aquel pueblo. “Hubo una boda en la que según dicen murieron envenenados por una salamanquesa todos menos una señora mayor que se fue del pueblo y entonces todo el término se anexionó a Torrrecuadrada de los Valles”. La ermita al parecer era la iglesia del poblado. Quizá esta leyenda, que se repite con algunas variaciones por toda la comarca, tenga que ver con las pestes de la Edad Media.

La imagen de la Virgen de las Cuevas

En la romería nos encontramos con María Jesús Lázaro, diputada de Cultura y concejala de Torremocha; con Salvador Bueno, alcalde de Torremocha y con Félix Marco, teniente de alcalde del mismo pueblo. Este último nos acompañó al paraje donde se encontraba la antigua ermita y, al parecer, el antiguo poblado. “En el pueblo acabaron quemando la iglesia durante la guerra, pero esta ermita quedó en pie, había unos retablos preciosos; yo los he llegado a ver luego tirados y rotos, alguien vino y robó mucho.”

 

Félix Marco muestra los restos de la ermita de la Virgen de las Cuevas

Milagrosamente con la furgoneta indemne abandonamos esta olvidada y bella comarca marcada por el pantano de la Tajera que merecería mayor atención de cualquier persona curiosa.