
Los tres retablos centrales
Hay lugares que se resisten a peder su patrimonio cultural, por lo que no escatiman en esfuerzos para conseguir su conservación. Un ejemplo de ello es Condemios de Arriba, donde dos profesionales –Mayte Merino y Patrocinio Jimeno, que trabajan para la empresa zaragozana Estudio Témpore- se han encargado de rehabilitar uno de los retablos laterales de la iglesia de San Vicente de la localidad.
La obra en la que se ha centrado la rehabilitación se trata de una composición renacentista, en la que destacan elementos propios de este estilo como los frisos, el frontal superior partido, los capiteles jónicos y las columnas estriadas. A esto se añaden una serie de frescos con motivos hagiográficos y que se encuentran incluidos en el conjunto, como el de San Blas, el del martirio de San Lorenzo, el del martirio de San Blas o en el que se centra en la muerte del santo hoscense.
La composición se emplaza en el hueco de un arco existente en la pared de la iglesia, que “podría ser de descarga o dejarse ahí para una posible ampliación del templo”, señalaba Mayte Merino. “Se ha tenido que limpiar y enfoscarlo todo” debido a su mal estado de conservación y a que estaba lleno de escombros.
Sin embargo, desde el punto de vista de la carpintería, la estructura del altar “es impecable, porque cada tabla se encuentra cortada con su ensamble, en la dirección adecuada”, lo que ha permitido una mejor conservación del conjunto. “El nivel de carpintería es magnífico” aseguraba la restauradora.
La datación del retablo se remonta a 1671, fecha que aparece en uno de los laterales del mismo y que se correspondería con “el año de factura original”. Sin embargo, “puede ser un poco anterior, porque una cosa es cuando se ha ideado la obra y otra cuando se ha llevado a los carpinteros para que hagan la estructura, el momento en el que el tallista ha realizado las tallas y cuando se ha montado la obra en su conjunto”.
Por ello, la inscripción de 1671 se correspondería con una de las últimas etapas del proceso, correspondiente con la ejecución de la policromía. En cualquier caso, desde el siglo XVII ha sufrido transformaciones, como la desaparición de determinados lienzos. En el hueco que dejaban dichas pinturas, se coloreaban las tablas existentes con diferentes dibujos, que van desde un Sagrado Corazón a motivos florales.
Y a pesar de los diferentes trabajos realizados –tanto el inicial como las variaciones posteriores-, ninguno de sus autores ha dejado rastro de su nombre. Ante esta falta de documentación –tanto en el propio trabajo como en los diferentes archivos-, se ha optado por considerar al retablo como anónimo.

Un trabajo de meses
La labor que han estado realizando tanto Mayte como Patrocinio se ha desarrollado durante varios meses. Ellas llevan en Condemios de Arriba desde el pasado invierno, y ya sólo les falta unos pequeños detalles para finalizar la rehabilitación. A la hora de realizar su función profesional, lo primero que hacen es “ver el estado inicial de la obra” así como una documentación gráfica de la misma a través de fotografías. “Luego tienes que justificar tu intervención y definir un criterio que sirva para el conjunto” argumentaba Mayte Merino para defender la realización del reportaje fotográfico inicial.
Tras ello, se instala el andamiaje y se comienza a desmontar el retablo pieza por pieza, tras la oportuna protección de la policromía, que se engasa para que no se vea dañada. Seguidamente se restauran los diferentes elementos y los lienzos deteriorados, y, una vez concluido todo, se finaliza componiendo otra vez el altar. “Ha habido algunos problemas, porque se han tenido que reponer muchas piezas que no existían y otras que estaban carcomidas; y recuperarlas lleva su tiempo” subrayaba Merino.

Mayte Merino trabajando en el andamio
Pero en la iglesia de San Vicente de Condemios de Arriba hay otros cuatro retablos además del reconstruido. Entre ellos, se encontrarían los tres centrales –uno barroco, el de la izquierda, y otros dos posteriores al siglo XVIII: el mayor y el de la derecha- y un cuarto, ubicado en uno de los laterales del templo. “Lo bueno de estos casos es que no hay nada tocado, ya que en otros lugares se observarían purpurinas, repintes…”, lo que complicaría su posible rehabilitación. Eso sí, en las cuatro obras se observa ataque de carcoma. “A nivel estructural están apañados como para que no se caigan por detrás”.
En el caso de que se produjese una puesta en valor de las cuatro composiciones, Merino comenzaría por la obra lateral, la que se encuentra en una pequeña capilla situada enfrente de la estructura que acaban de restaurar. Según explicaba, éste altar cuenta con unas pinturas sobre tabla de gran valor.

Una gran experiencia en el sector
Tanto Patrocinio Jimeno como Mayte Merino son dos profesionales de la restauración con gran experiencia a sus espaldas. En el caso de Merino, es licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y lleva más de 13 años en el sector. Su especialidad es la pintura, y en su trabajo se ha centrado mayoritariamente en el dorado. Ha desempeñado su labor en diversos lugares, como en la catedral de la localidad zaragozana de Tarazona o en la provincia de Teruel. De igual forma, Patrocinio también se distingue por su formación especializada, y ha tenido la posibilidad de mostrar su buen hacer por diferentes puntos de España.
El hecho de llegar a Condemios de Arriba surgió hace cuatro años, cuando Merino estuvo viviendo una temporada en la localidad. El Ayuntamiento le solicitó unos presupuestos para la rehabilitación de los retablos, momento en el que avisó del mal estado de conservación en que se encontraba la composición que ahora se ha recuperado.
A pesar de ello, el asunto quedó en Stand By, hasta que el actual párroco del municipio –que por aquél entonces apenas llevaba unos meses en el cargo- retomó las riendas del asunto y se volvió a poner en contacto hace un año con Mayte Merino. Esto hizo que ambas restauradoras se pusieran manos a la obra, se instalaran en el pueblo y trabajasen en la iglesia de San Vicente. “La parroquia es la que ha financiado la intervención”.

Un templo con varias centurias de existencia
Tal y como asegura José Serrano Belinchón en su libro “Guadalajara: Pueblo a Pueblo”, editado por Nueva Alcarria, la iglesia de Condemios de Arriba es “un edificio sencillo del siglo XVI, con una talla alusiva al Santísimo Sacramento en su dintel de entrada”. Se trata de un templo de nave única, con un pequeño entrante en las cercanías del acceso principal que hace las veces de capilla lateral.
Cuenta con cinco retablos –tres de ellos centrales y dos adyacentes-, y un coro en la parte trasera. El edificio se encuentra en la zona más elevada de la localidad, y desde su entrada se puede observar gran parte del terreno que circunda al municipio.
Condemios de Arriba cuenta con unos 170 habitantes empadronados –según los datos arrojados por el censo de 2008-, entre los que se incluyen los vecinos radicados en Aldeanueva de Atienza, que depende administrativamente del Ayuntamiento condemiense.
De las tradiciones con las que cuenta el municipio, ocupa un lugar destacado la de los danzantes. Esta es una fiesta que fue recuperada en 2005 gracias a la labor de la asociación cultural El Poyato, que logró que se reanudase la celebración a pesar de que llevaba más de 40 años sin llevarse a cabo.