
Castillo de Atienza
Retomamos el viaje por los obispos que han ido configurando la historia de nuestra tierra. Allá, por el mes de diciembre, dejábamos la diócesis bajo el mando, la guía y la protección de Don Andrés que como decíamos era un obispo entre dos periodos de sede vacante.
No podemos concretar el tiempo exacto de la sede vacante tras la muerte de Don Andrés, pero tenemos el dato que cierra este vacío. En 1269, Don Lope II Díaz de Haro Alonso, era el obispo titular de la diócesis de Sigüenza de aquel entonces.
Don Lope II, el primer Lope lo tenía la diócesis allá por el 1222, tenía sus raíces en la más alta y noble alcurnia que se podía tener por esos tiempos. Su Padre Lope Díaz de Haro era Señor de Vizcaya –se duda entre el undécimo o el décimo sexto, pero lo que importa es el rango, no tanto el número– y su madre, Teresa Alonso, era hija del rey de León, Alonso. Dado la nobleza familiar, Don Lope II fue obispo, su hermana Mencía se casó con el rey de Portugal y otros hermanos desempeñaron también títulos nobiliarios.
Pero dejando los orígenes de tan noble obispo, nos centramos ahora en sus acciones, que como prelado de esta nuestra diócesis, dejaron su huella en la historia y en la diplomática. Su primera firma y sello aparece un 27 de septiembre de 1269 donando al rey Alfonso X, el Sabio, a treinta y tres caballeros para su milicia. Estos treinta y tres soldados, naturales de nuestra tierra, fueron destinados por mandato del rey a la defensa del alcázar de Baeza. Don Lope II para no dejar desprovistos a estos soldados, presionó al rey para que les diese armadura, armas y caballos, todo un lujo para esa época. Esta es la primera intervención de Don Lope II velando por la seguridad de la gente a la que tenía que cuidar.
Pero quizá la acción más sorprendente, para esta segunda mitad del siglo XIII, de Don Lope II se centra en la villa de Atienza. Dada su erudición en las ciencias, era un obispo culto y quería luchar contra la incultura injusta que se vivía por aquel entonces, y dada también su labor pastoral, que no está reñida la ciencia y la religión, erigió una cátedra de gramática en la villa de Atienza. Queda autorizada el 21 de octubre de 1269, siendo un pionero en expandir las cátedras por toda la geografía diocesana.
En su ejercicio caritativo, mostró una gran preocupación por la abadía de Huerta. En este período estaba desbordada no sólo de monjes sino también de pobres que se acercaban al monasterio para pedir algo para poder comer. Ante esta situación, Don Lope II, cedió unas salinas al monasterio para que así, pudiesen comer, dar de comer e ir rematando las obras del monasterio.
Por su interés y solidaridad con otras diócesis, Don Lope II aparece firmando en 1270, en una dotación conjunta, con otros obispos para el convento de Santa Clara de Córdoba. Avalaba esta dotación el rey Alfonso X. Es curioso el dato ya que esta firma vincula nuestra geografía a las hermanas pobres de Santa Clara, “clarisas” y a la diócesis de Córdoba, que por el avanzar de la historia, en la persona de algún paisano nuestro, ha vuelto a oír el nombre de Sigüenza.
El Cabildo fue otra de las piezas de interés en la labor pastoral de nuestro obispo Don Lope II. Andaba escaso de recurso el Cabildo, ante esta situación, gestionó el prelado que el noble arcediano de Almazán, dotase de una considerable suma a nuestra institución capitular y a cambio, se le nombrarían dos capellanes que después de su muerte, ofreciesen oraciones y eucaristías a favor de su alma. Don Velasco, el arcediano accedió y el Cabildo vio aliviada su precaria situación económica. Corría el año 1271.
Y fue un 2 de marzo de 1271, tras un trienio como prelado de nuestra diócesis, cuando moría en Palencia, dado que se hallaba de viaje, nuestro obispo D. Lope II. Su muerte fue inesperada ya que contaba con muy buena salud a pesar de sus años. Es digno de traer aquí el testimonio literal con el que se daba noticia de su muerte, ya que expresa muy bien la calidad humana con la que Don Lope II ejerció su episcopado entre nosotros: “Hemos oído y entendido que el Rvdo. Sr. D. Lope, obispo de Sigüenza, falleció el sábado 2 de marzo en Palencia, y damos esta noticia con el corazón contristado, porque si bien el difunto floreció por la nobleza de su estirpe, resplandecía mucho más por sus virtudes”.
Buen resumen para la vida de un obispo. Buen resumen de lo que supuso la figura de Don Lope II entre nosotros. Antes de su muerte nombró albaceas para su testamento. Ante esto podemos pensar sus muchas riquezas, pero no fue así. Su única preocupación y su único bien fueron los libros. Don Lope II dejó bien atado a dónde debía ir cada una de sus colecciones de libros. Libros tan cotizados –por su fondo, no pos su forma- que incluso la reina Doña Violante reclamó enérgicamente para poder obtener algún ejemplar.
Pero ante esto él descansaba en paz, dormía en paz. Sus restos fueron sepultados en el monasterio de Santa María de Nájera a donde a día de hoy aún reposan esperando la venida en gloria de Jesucristo su, nuestro, verdadero Rey y Señor.