Nacida en Kiev en 1903, Irène Némirovsky se estableció en París en 1919, junto con su familia, huyendo de la revolución soviética. La joven había recibido una muy buena educación en su Rusia natal, que completó con la licenciatura de Letras en la Sorbona francesa. Poco se ha conocido de ella hasta fechas muy recientes, tan sólo que fue una joven escritora que comenzó a despuntar en los años treinta del pasado siglo, viendo interrumpida su carrera dramáticamente con la salvaje invasión alemana de Francia en la Segunda Guerra Mundial. Por su condición de judía fue deportada a Auschwitz junto con su marido, Michael Epstein, siendo ambos allí asesinados, para saciar la sed de sangre de los bárbaros nazis. A la desaparición física siguió el olvido general, hasta hace apenas seis años. Al marchar detenida, dejó una maleta a sus pequeñas hijas en la que se hallaba el manuscrito de Suite francesa, novela que reflejaba las miserias de los ciudadanos huyendo de los invasores. La novela ha cosechado un indudable éxito que ha conllevado la recuperación de las demás obras de la autora, afortunadamente rescatadas del olvido. Le toca el turno en estas fechas a El caso Kurílov, interesante relato en la que la Némirovsky profundiza, fiel a su estilo, en la caracterización psicológica de los personajes.
A comienzo de los años treinta, coinciden en un café de Niza, el antiguo policía zarista Iván Baránov, y León M. un veterano y bregado revolucionario bolchevique. Ambos estuvieron implicados en el caso Kurílov, pero León M. se rehúsa a revelar su identidad y dar cuenta de su participación en los hechos. Al morir, unos meses más tarde, es encontrado un manuscrito donde relata los pormenores en los que se vio envuelto. Corría el año 1903 cuando León recibe el encargo de sus camaradas de proceder a la ejecución del ministro de Instrucción Pública ruso Valerian Alexándrovich Kurílov, atentado que los líderes del partido buscan transformar en un golpe definitivo al régimen imperial del zar Nicolás II. El joven León consigue entrar al servicio del ministro, un hombre famoso por su crueldad, pero mortalmente enfermo. La situación del conspirador y la relación con su jefe van tornándose cada vez más complejas, a medida que la relación entre ambos se va haciendo más intensa. El asesino es un hombre sin pasado, hijo de revolucionarios, después huérfano, habiendo tenido como única familia al Partido, encargado siempre de su educación y de su adoctrinamiento. El mismo Partido al que pertenecía por el mero hecho de haber nacido. Plantea, como en otras obras de la misma autora, una absolución a su protagonista: sus actos son el fruto de una historia personal inevitable y de una situación político-social inevitable. Leon M. odia a Kurílov y a los de su clase: poderosos, despiadados, ajenos a las necesidades del pueblo y sostenedor de un régimen decadente y culpable, que se ve en peligro y utiliza cualquier arma para subsistir, una lucha que finalmente sería en vano, ante la fuerza de la revolución. Pero el trato con el hombre va introduciendo un elemento nuevo en el espíritu del protagonista: el acercamiento al otro. La frialdad del comienzo va dando paso a la piedad por el viejo enfermo. El estudio psicológico del personaje da vida a la historia, consiguiendo un resultado que, si bien no puede considerarse como la mejor creación de la autora, sí reúne las cualidades que adornan su literatura y va interesando al lector a medida que los hechos van sucediéndose.