Habiendo fallecido don García en el 1299, topamos de frente, en el estudio de la historia con un error de esos que hacen que se vacile en el episcopologio de nuestra diócesis. Quizá no se merece tal error una cita, pero como dato curioso, nos adentramos en él para saber que la historia es una ciencia bastante abierta.
Tomamos de fuente directa la historia de nuestra diócesis del padre Minguella, magno obispo que fue de ésta, ya que esta fuente de documentación dedica apenas 28 líneas a dicho error.
Después de don García, aparece a modo de apócrifo, don Gonzalo como obispo de Sigüenza.
Nuestro obispo Minguella y Arnedo se refiere a tres fuentes erradas que hablan de don Gonzalo como prelado seguntino. La primera será la de Protocarrero. Éste historiador se refiere a don Gonzalo citando un privilegio de Fernando IV confirmado al supuesto prelado. Corría el año 1299 y éste privilegio se refería al obispo de Sigüenza, que supuestamente era Gonzalo.
La segunda fuente de error es la del historiador Renales que desempeñaba el cargo de canónigo. Renales copia el error de Protocarrero y en consecuencia, duplica la confusión, no histórica, sino locativa de don Gonzalo.
La última fuente de error es del tan querido historiador Román Andrés. Román, hablando del citado privilegio, dado el 25 de junio de 1299, también sitúa a Gonzalo como obispo de la diócesis seguntina.
Ante estas tres fuentes cabe decir, siguiendo a don Toribio Minguella, que sólo poseen cierto error. Bien es verdad que ése privilegio se dio por Fernando IV a don Gonzalo que era obispo. El error proviene de los escribanos de aquel entonces, quienes copiaron y escribieron que la diócesis de la que era obispo Gonzalo era Sigüenza.
Sin quitar el rango episcopal a Gonzalo hay que decir que él era obispo de Cuenca, ya que luego pasó a ser arzobispo de Toledo y en la historia de la sede primada, Toledo, hayamos que la diócesis de la que llegó don Gonzalo era Cuenca y no Sigüenza.
A esto se suma que en la fecha del privilegio, fuente de la confusión, todavía estaba vivo don García, y por ende, era obispo aún de la diócesis seguntina. Y en el supuesto de que estuviese muerto, en tan sólo 15 días, habría sido imposible que se hubiese dado la elección, consagración y toma de posesión de don Gonzalo como epíscopo seguntino. “Las cosas de palacio van despacio”, por ello, es cronológicamente imposible.
Con todo podemos concluir este breve, pero curioso, viaje por la historia en que don Gonzalo no se debe contar entre los obispos de nuestra diócesis.
Como podemos ver la historia es una ciencia bastante amplia ya que se deben manejar muchas fuentes para poder combatir los errores y las falsas creencias. Creo que este mes debemos dar un gesto de gratitud a aquellos que se dedican a esta ardua labor, y más si cabe, a nuestros paisanos y compatriotas que intentan dar luz a aquello que a veces está nublado por un despiste o una negligencia humana.
Y volviendo a don Gonzalo, sería excelente persona y obispo, trabajador infatigable y gestor indescriptible, hombre virtuoso y carismático, ya que a su humilde persona se le encomendó la labor de ser arzobispo de nuestra diócesis primada.
¡Bravo por don Gonzalo¡ ¡Bravo por los historiadores¡