Por: Redacción

Miembros de la asociación cultural junto al local social de los jóvenes "el alambique."

A Huetos se llega por la carretera que une Cifuentes con Saelices de la Sal, CM-2021 tomando una desviación a la derecha en dirección a Rugilla. Está situado, junto a un arroyo, en un pequeño cerro que domina un valle en las cercanías del Parque Natural del Alto Tajo. Es un pequeño pueblo que cobra una vida intensa en verano. En los años 60 se despobló y la mayoría de sus vecinos emigraron a Madrid, Guadalajara, Barcelona y Zaragoza. Ahora se ha convertido en lugar de segunda residencia de los antiguos vecinos y de sus descendientes. Aunque comparte este destino con muchos otros pueblos de la Alcarria, Huetos tiene una serie de peculiaridades que le hacen especial.

Un pueblo de Malí es el beneficiario del rastrillo de la solidaridad.

El rastrillo de la Solidaridad
La Asociación Cultural Huetos celebra, desde hace ya 14 años a mediados de agosto, el llamado Rastrillo de la Solidaridad. Álvaro García Vicente, uno de los vocales de la asociación, nos explica su origen: “Una chica de aquí se casó con un chico de Jaén que tiene un hermano misionero en Malí. Este misionero, Manuel Julián Gallego Gómez, el padre Manolo, nos habló de las necesidades económicas de las aldeas de su misión y nos pusimos manos a la obra organizando en Huetos este mercadillo”. El mercadillo solidario se inaugura el sábado día 14 y se prolonga hasta el martes 17 de agosto. Acuden al mercadillo gente de los pueblos de alrededor como Oter, Sotoca, Rugilla, Cifuentes así como de fuera de la comarca. Cada uno aporta lo que tiene y le pone un precio. “Yo por ejemplo”, comenta Álvaro, “hago cestas de mimbre, otros traen labores de costura, también se ofrecen muchos cuadros”. Todo el dinero que se saca va íntegramente a esa localidad de Malí para cubrir sus necesidades y se mantiene a muchos niños durante el año.

Allí, con los recursos aportados se ha creado una guardería que lleva el nombre de Huetos, se ha hecho un dispensario, se ha dado carrera y estudios a varias personas. Por esta labor, “el proyecto Karangasso en Malí”, como se le llama oficialmente, la Asociación recibió este año un premio de la Diputación de Guadalajara. La entrega del premio no estuvo exenta de polémica ya que, como explica la alcaldesa pedánea de Huetos, María Carrascosa, la Asociación no pudo recogerlo debido a la postura del concejal de barrios de Cifuentes que alegó que debía recaer este premio en Cifuentes como cabecera de la comarca, localidad a la que pertenece Huetos como pedanía. María recalca que el premio era para la Asociación de Huetos no para el Ayuntamiento de Cifuentes.

El bar del pueblo repleto de gente.

Un poco de historia
Entre los que nos acompañan en la visita a Huetos nos encontramos con un investigador; es Sergio Velasco que acaba de ser distinguido con el premio de investigación histórica de la provincia por la Diputación por su libro 150 de Ferrocarril en Guadalajara. Es además el responsable de la información que se puede encontrar en internet, concretamente en wikipedia, sobre el pasado y el presente del pueblo. Aprovechamos su presencia para preguntarle sobre los orígenes de Huetos. “Se cree que nace en la época de la reconquista como una aldea de pastores, en el siglo XII pasó a depender del Monasterio de Óvila y a finales del siglo XV, la aldea de Huetos pasó a formar parte del señorío y jurisdicción de Cifuentes”. En 1972, debido a la despoblación y a las dificultades económicas para mantenerse independiente, pasó a convertirse en pedanía de Cifuentes, algo que lamentan muchos de sus vecinos pensando ahora que con la construcción de la cercana central de Trillo hubieran podido recibir ingresos para mantener el pueblo en su estatus independiente. Un antiguo alcalde, Ambrosio García Martín, luego nos contaría en el bar del pueblo que luchó para impedir esta pérdida de autonomía pero que al final, al dejar la alcaldía, se consumó la anexión.

La ermita de San José al fondo.

Visita por el pueblo
Acompañados de Álvaro, María y otros vecinos hicimos un recorrido por el pueblo. Visitamos en primer lugar la ermita de San José, recientemente retejada, donde se guardan los pasos de Semana Santa. A continuación nos dirigimos a las antiguas escuelas, cuyo local hoy está dedicado a las necesidades de las asociaciones. Allí es donde se celebra parte del mercadillo solidario. Otros puestos se sitúan en el exterior. En el pueblo hay tres asociaciones: la cultural, que agrupa a unos 500 socios, la de cazadores (hay jabalí, corzo y caza menor en la zona) y la asociación juvenil “Alambique” que cuenta con local propio. A continuación ya en el centro del pueblo, entramos a la casa donde vive Julio Vicente y su familia. Allí degustamos un delicioso vino de Huetos, que se elabora todavía con métodos artesanales, pisándose la uva, así como las rosquillas tradicionales. Con el porrón en la mano escuchamos a Julio rememorar antiguas tradiciones. “Antes cambiábamos las uvas por trigo en la zona de la Sierra, por Canrredondo. Así pasábamos la vida trabajando mucho”.

En la casa de Julio Vicente.

Llegamos a la Iglesia de Huetos que se abre los sábados. Se trata de una iglesia de finales del siglo XVI sometida más tarde a varias remodelaciones. Cuenta con un retablo con pinturas de notable belleza. También cuenta con tallas de San Sebastián, San Roque y de la Sagrada Familia. Subiendo al campanario se puede apreciar una panorámica de un pueblo. Desde allí se puede comprobar cómo las  casas, a diferencia de otros de la zona, se encuentran en general en buenas condiciones.

Vista de parte del pueblo desde el campanario.

María Carrascosa, la alcaldesa pedánea, nos muestra, junto a la iglesia un mirador desde donde se puede apreciar las diversas zonas de aprovechamiento dentro del término municipal. En primer plano la zona donde, antiguamente se cultivaba trigo y cebada. En la actualidad se cultiva un tipo de cardo. Ante nuestra sorpresa nos aclara que “las semillas de este tipo de cardos sirven para los combustibles de biodiesel”. Un poco más allá están los viñedos y al final algunos, escasos, olivares. En otra zona del pueblo, junto al arroyo, estaban las huertas, de las que todavía se conserva algunas, aunque sus frutos ya no se comercializan. Entre los productos tradicionales de esta tierra está, además del vino y las rosquillas, el llamado alafú, compuesto de miel con nueces, que hacía las veces de turrón.

El frontón y al fondo la iglesia de Huetos.

Un pueblo que cuida su pasado y mira al futuro
La Asociación Cultural ha editado un libro de fotos titulado “Imágenes de un pueblo” donde se puede apreciar el pasado del pueblo, sus fiestas y sus antiguas costumbres.
En cuanto al presente María señala que “en los fines de semana de verano hay animación, se juntan unas 200 personas, llegando a las 350 en las fiestas de mediados de agosto. En invierno, sin embargo, apenas viven dos o tres matrimonios.”

Otra de las muestras de la vitalidad de este pueblo es la excelente revista titulada “Piedra del Milano”, título que alude a una de las rocas que circundan Huetos. Se edita todos los años y en ella se da cuenta de todo lo acontecido relacionado con la localidad, se expresan opiniones, hay colaboraciones literarias y cuenta con una sección esperanzadora para un pueblo: las fotos de los recién nacidos que asegurarán el futuro de Huetos. María nos dice al respecto que de diciembre a enero se prevén 14 nacimientos. “Para un pueblo tan pequeño como este es mucho. Por eso siempre decimos que este pueblo no se acaba”.

Para terminar María nos explica el espíritu del pueblo que le hace ser tan peculiar. “Aquí hay mucha más actividad que en otros sitios porque queremos que nuestro pueblo siga existiendo. Para que un pueblo esté vivo hay que hacer actividades. La gente se tiene que involucrar, se tiene que reunir. Las fiestas las organizamos entre todos. Porque si vienes a un pueblo y ves que no hay nada, no vuelves”.

Los niños, el futuro de Huetos.