Por: Maribel Pamies

 

La final del mundial en la Plaza Mayor de Sigüenza.

Que el futbol une, es una realidad que hemos vivido de una a otra punta del país tras la victoria de nuestra selección. La euforia que se ha desatado ha dejado atrás los líos políticos, las angustias cotidianas, el sinsabor de llegar a fin de mes, la zozobra del pago de la hipoteca o la inquietud al acudir a las oficinas del INEM. En Sigüenza, pensando en la capacidad de este momento histórico para hacer olvidar y unir, se instaló una pantalla gigante en la Plaza Mayor, entre las piedras centenarias de la Catedral y las del Ayuntamiento, para que todo aquel que quisiese acercarse pudiese verlo a lo grande y rodeado de la mejor afición.

La vida es a veces simple y así que hay que vivirla, la felicidad puede surgir de cualquier instante, y si esta vez ha sido a través del futbol, pues bienvenido sea. Aunque realmente, fuese cual fuese el resultado final del partido, España ya había ganado, no sólo por su paso histórico a la final, sino también porque nuestro equipo regaló antes y después de la victoria, algo más que deporte a la afición, dio una lección de ética, una lección de compañerismo y espíritu de equipo, una lección moral, de que no todo vale, de que el fin no justifica los medios, de que se puede ganar siendo honestos y trasparentes... además de una lección de técnica, forma física (son auténticos atletas) y de inteligencia. También fue una lección de liderazgo desde la humanidad por parte de Del Bosque. Un ejemplo para la juventud mundial que deberíamos situar entre los más altos que se han dado en los últimos tiempos, en los que hemos visto deportistas endiosados y aburridos, políticos corruptos y mercaderes codiciosos.

Pero también debemos pensar en todo lo que nos rodea día a día y por lo que también deberíamos salir a la calle con banderas y repletos de dicha. Cosas sencillas, como fue el propio instante de vivir esa victoria en la Plaza Mayor, con el ruido de las famosas vuvucelas en riguroso directo desde Sudáfrica rebotando en la fachada sur de la Catedral, haciendo vibrar los pilares de los arcos de la Plaza, hermosa como cada día desde hace siglos. Y es que, generalmente, nos inclinamos a complicar demasiado la felicidad y corremos el riesgo de perderla en el camino. Probablemente hasta dentro de cuatro años España no volverá a ganar otro mundial (que lo hará), así que mejor disfrutemos también de lo que tenemos a mano y que tantos buenos momentos nos da, como por ejemplo todo lo que nos ofrece Sigüenza y sus lugares únicos, su gastronomía y hostelería, su tranquilidad y sus gentes. De esta forma, la victoria la tendremos asegurada y nuestra felicidad más a mano.

 

Celebrando la victoria.