Por: Jesús MarteMusha

 

La Virgen del Carmen. Molina de Aragón.

 

Kar-Mel, la flor más bella del Jardín de Dios.

Allá por el siglo XII, en tierras palestinas, Bartolomé, San Bartolo, acompañado de un grupo de eremitas inspirados en el profeta Elías, llegan en peregrinación hasta el monte Carmelo. Atraídos por la belleza del lugar, construyen a los pies del promontorio unas celdas como aposentos, y en el centro del campamento, instalan una capilla venerando a María, nace la figura de la Virgen del “Kar-mel”, nombre del monte que se encuentra entre Galilea y Samaria y cuyo significado en hebreo significa “Jardín de Dios” , y cuya derivación latina significa “Canto”. Estos anacoretas con Bartolomé al frente de la Congregación, adoptan el lema de Elías grabado en el estandarte, que dice así: “Me consume el celo por el Señor, Dios de los ejércitos”, de esta manera entendemos, el porque las huestes y tropas soldadescas católicas, adoptan a la Virgen del Carmen como Patrona.

Según cuenta la tradición, el 16 de julio del año 1251, la Virgen se aparece en Cambridge a Simón de Stock, personaje que recibe el Escapulario de la Orden de las manos de la mismísima Señora, adoptando y cumpliendo las reglas impuestas por el Patriarca Alberto de la ciudad de Jerusalén unos años antes de la aparición, estas normas hacen especial incapié en las Sagradas Escrituras, en el trabajo y la meditación.

Años después, los devotos de la Virgen del Carmen forman una Congregación que se hace llamar los Carmelitas, erigiéndose el primer convento de la Orden en Perpignan (Francia), entonces ciudad de la Corona de Aragón, fechado su levantamiento entre los años 1265 y 1269. Posteriormente en tierras castellanas, en los albores del año 1562, se bifurca la Orden en; Carmelitas descalzos liderados por San Juan de la Cruz, y las Carmelitas descalzas con Santa Teresa de Jesús al frente.

En lo que respecta a los Cofrades molineses y a sus antecedentes, los primeros registros que hablan de la Orden están fechados en 1690. Más tarde, en el año 1728, un feligrés llamado Antonio Velázquez, natural de Molina, Caballero de la Orden, construye la Ermita del Carmen en el arrabal de San Juan, encargando al maestro del cincel Juan Ruiz Amador, la tarea de esculpir la Imagen de la Virgen, el 26 de julio del 1729, terminada la pieza y la construcción del templo, se traslada a la Virgen con todos los honores desde el Consistorio a la Ermita, el acto se celebra por todo lo alto con Loa y fuegos artificiales. Años después, en la guerra de la Independencia, por temor al expolio de las tropas francesas, y con la intención de evitar el saqueo del templo, se esconde a la Virgen, corre el año 1810 cuando regresa al altar de su ermita en perfecto estado. “El batallón de ligeros, voluntarios del Real Señorío de Molina” se enfrenta con gallardía y arrojo a las tropas de Napoleón, es por ese motivo, por lo que se le brindan honores militares al estandarte de la Cofradía del Señorío. En 1876 se crea la Caballería de la Hermandad del Carmen y en 1879 el Rey Alfonso XII, acepta con honor el cargo de Hermano Mayor de la Real y Militar Orden de la Cofradía de Nuestra Señora del Carmen de Molina.

En cuanto a conceder veracidad al chascarrillo que corre por las calles del Señorío, acerca de que el cabildo de Doña Blanca, quinta señora de Molina, enarbolaba y zarandeaba a los vientos el estandarte de la Orden de la Virgen del Carmelo, no podemos concederle credibilidad al asunto por falta de pruebas a día de hoy, aún deseándolo de corazón, prodigarlo con demasiado entusiasmo y pasión no hace que sea por ello certero y acertado. No es hasta el año 1740 cuando los Carmelitas reorganizan la Cofradía como institución religiosa militar, llamándola “Esclavos militares de Nuestra Señora del Carmelo”, especular más allá de estos márgenes, es caer en la conjetura romántica. Aún así ni desmentimos, ni desdecimos, y si agradecemos a nuestros tertulianos Santiago Azpicueta y Manolo (lamento no facilitar el apellido), Cofrades de la Virgen del Carmen, que nos han regalado a los lectores de el afilador, pinceladas de las tradiciones arraigadas a la tierra, episodios de la más bella historia de un Señorío.

La Virgen del Carmelo es una devoción mariana, y como tal se venera a María. Siendo la Virgen del Carmen, Patrona de carácter religioso militar de multitud de Cofradías, no podemos olvidarnos del gran significante que la Virgen encierra y representa, del más bello y puro, del papel más grave, el de la función de Madre, amor incondicional y sublime que una madre concede al hijo engendrado en su vientre. Y como María amó a Jesús, así es capaz de amar una madre a sus hijos. La Virgen del Carmen ampara a sus tropas y cuando la vemos pasar floreada en el estandarte de la Cofradía, todos aquellos espectadores, personas afortunadas, que recibimos el amor de una madre, no permanecemos impasibles al paso de la gran Patrona, porque nos recuerda y nos habla sin palabra alguna de la persona más grande que nos concedió la vida. Viva María, Madre de Jesús, viva Carmen, madre del hijo, ¡viva la Virgen del Carmen!ç

 

Los Caballeros de las Tropas de Nuestra Señora del Carmen desfilaron rindiendo honores a su Patrona.

 La Virgen del Monte Carmelo, es agasajada y vitoreada por la multitud en múltiples rincónes del territorio nacional. La festividad del Carmen en tierras del Señorío, son reconocidas de alto interés Turístico Provincial y Regional, prueba de ello, la alta participación de espectadores que este año acudieron a la localidad, dándose cita en la festividad y procesión de Nuestra Señora del Jardín de Dios.

El pasado día 15, jueves, a las 17:30 horas, se reunieron los Caballeros Cofrades en la Plaza Mayor del municipio, desfilando en procesión trasladaron el Estandarte de la Orden hasta la Casa Consistorial como así lo requiere la tradición, se le rindió a la bandera guardia de honor. Por la noche se celebró el solemne cántico de la Salve, interpretado por la coral molinesa, acompañada de sus feligreses y cuantos curiosos acudieron a la liturgia, Salve dirigida por el obispo seguntino, que se celebró en la iglesia de Santa María de San Gil. A continuación, en la Plaza Mayor, se escuchó un toque de oración interpretado por la Banda de Cornetas y Tambores de la Orden militar en memoria a los Hermanos difuntos, al término del acto, los allí concurridos disfrutaron de una cascada de fuegos artificiales y del baile con orquesta programado.

Al día siguiente, viernes 16, fue día de fiesta mayor, Molina despertó a ritmo de Cornetas y Tambores de la Cofradía, que este año cumple su veinticinco aniversario tras incorporarse nuevamente la Banda a la escena de la tradición. Se ofició la solemne eucaristía a las 11:30 horas en Santa María la Mayor de San Gil, a continuación hubo desfile de los Caballeros de la Orden, al acto se dieron cita una gran parte de la plana mayor de autoridades del gobierno provincial y local, el alcalde de Molina David Pascual, la subdelegada del gobierno Araceli Muñoz, la delegada de Economía Ángela Ambite, el delegado de Servicios Carlos Sanz, el diputado regional del PP José María Bris, y otras personalidades del Gobierno local. Ya por la tarde, a las 19:00 horas, las Huestes de la Orden recogieron el Estandarte de la Casa del Consistorio, desfilando al son de las marchas militares que recorrieron las calles del pueblo hasta llegar a San Gil, allí se celebró la eucaristía, y al término de ésta, portada a hombros la Imagen por los Cofrades de Nuestra Señora del Carmen, marcharon en procesión hasta la ermita en los arrabales de San Juan. A posteriori los Caballeros de la Orden escoltaron la bandera con honores militares hasta la Plaza del Ayuntamiento.

La complicidad de los feligreses y el número de visitantes crece cada año, el regocijo y el respeto por la tradición de la fiesta se reflejó en el rostro de los espectadores, la gente que participó en el desfile, olvidó el calor de aquella tarde, amparada bajo la sombra proyectada de su grandísima Señora.