Por: Jose María Cañadas

 

Matilde Gamboa en un momento de la entrevista.

Matilde Gamboa, “Malile” para los amigos, de 90 años, pertenece a una de las familias más antiguas de Sigüenza. No en balde, los Gamboa tienen una capilla en la Catedral de Sigüenza donde tradicionalmente han sido enterrados. Malile accedió amablemente a hablar con El Afilador, precisamente en una de sus ahora raras visitas a Sigüenza, tras visitar en la catedral la capilla de sus ancestros. “Vengo de poner una lápida en la capilla de los miembros de mi familia enterrados allí después de la reforma de la catedral. Yo, que me considero muy seguntina, quiero que me entierren allí, aunque me han dicho que ya somos los últimos que podemos hacerlo allí.” Matilde se refiere a la Capilla de Santiago el Cebedeo o de los Gamboa situada en el claustro de la Catedral, también conocida como Capilla de la Mora. Nos aclara estas denominaciones: “Se la llama así porque antes fue la capilla de los Mora, una familia muy antigua de Sigüenza. La que era la patrona de esta capilla, Manuela de Torres Mora Gascón y Gamboa, casó en 1757 con José Gamboa (Aguilera Harceo Hurtado de Mendoza y Miranda, eran sus siguientes apellidos), el abuelo de mi tatarabuelo, conociéndose la capilla a partir de entonces, como la capilla de los Gamboa”. Añade que, como se puede apreciar por sus apellidos, estaban ya emparentados y necesitaron de tres dispensas papales para poder contraer matrimonio. “Los Gamboa”, explica Malile, “es una familia de origen vasco que llega a Guadalajara en tiempos de los Mendoza, se instalan primeramente en Brihuega y en Hita, lugares en donde dos de ellos llegan a ser alcaides”.  Dejando a un lado la nebulosa de su árbol genealógico, que se remonta a 16 o 17 generaciones hasta Alfonso X e incluso hasta 33 generaciones, “lo que nos retrotrae a los reyes godos”, como nos dice, hablamos sobre su familia más cercana, padres y abuelos y sobre la vida que conoció en Sigüenza.

 

Pedro Moreno González, Ignacio Gil y Matilde Lapoy Moreno, paseando junto a las vías del tren en losalrededores de Sigüenza. 1910.


Historia reciente de la familia
 “En Sigüenza los Gamboa eran tres hermanos, uno vivía donde es ahora el Museo Diocesano (el antiguo palacio de los Gamboa), otro que era mi tatarabuelo en la calle Mayor, en la casa de los Almería y de los Gil de Quiñones. Él se casó con una Gil de Quiñones, por eso heredaron esa casa. El tercero vivía en la calle Medina, enfrente a la catedral donde está el escudo de los de Gil de Quiñones. En un momento dado, cuando murió mi abuelo, mi abuela decidió dejar la casa de la calle Mayor y bajar a la calle San Roque en la plaza de las Ocho Esquinas. Al parecer, viviendo arriba necesitaban coche de caballos y cochero y decidieron prescindir de esto. “Era mucho más cómodo y barato vivir abajo ya que no se necesitaba esto”, nos dice riéndose. “Un tío mío”, prosigue el relato de su familia, “el tío Pedro, que no tenía ninguna relación con Sigüenza, vino aquí de juez, hizo amistades con los Gil, que luego fueron los Garcés, los Pastor, etc. Decidió dejar la carrera judicial y quedarse aquí y compró la finca del antiguo cuartel de milicias en el Paseo de la Alameda. Cómo tenía que vivir de algo, montó allí con sus amigos, los Pastor y los Gil, una jabonería. Eso fue hacia 1880. A mi madre (Matilde Lapoya Moreno), cuando quedó huérfana con nueve años la trajeron aquí con mi tío. Conoció a mi padre (José Gamboa Muñoz), se casó con él en 1902 y por eso estoy yo aquí”.
Termina su relato hablando de otro negocio de su familia: “Cuando se vino abajo la jabonería, el tío de mi madre con sus amigos, pusieron una compañía eléctrica. Se llamaba ‘Eléctricas de Sigüenza’ y fue la primera empresa que trajo electricidad a Sigüenza. Allí, a instancias de mi abuela, mi padre comenzó a trabajar como gerente”.
Sus padres vivieron siempre en Sigüenza. Matilde y sus dos hermanos, María y José nacieron aquí. Malile nos habla de sus primeros años: “Yo he vivido muy contenta en Sigüenza pero hacía mucho frío en las casas. Las salas de estar y despacho tenían estufas pero los dormitorios eran heladores. Pero fíjate que bien sanas hemos salido”. Recuerda también el frío en el colegio de las Ursulinas al que asistió junto a niñas de otras conocidas familias como las Grandes, Garcés, Gil, Cabezuelo. “Tengo un buen recuerdo, he sido muy feliz allí, no lo cambio por nada, a pesar del frío”. Añade que, de niñas en invierno iban a jugar a la calle San Roque porque se estaba más abrigado que en la Alameda. “En la placita de las cruces había una fuente donde iban todas las muchachas de la calle de San Roque con cántaros a recoger agua, allí íbamos todas las niñas del colegio a que nos dieran agua”.

El Conde de Romanones en coche de caballos junto a su casa de Sigüenza.

El Conde de Romanones
Su familia siempre estuvo muy unida al Conde de Romanones, primero por amistad y luego por parentesco. La hermana de Malile, María Gamboa se casó en 1935 con el hijo del Conde de Romanones, Agustín Figueroa Alonso-Martínez, marques de Santo Floro. Fue aquel tío Pedro, que había comprado la finca del antiguo cuartel de milicias, el que le proporcionó al Conde de Romanones un piso en Sigüenza. “Venía a cazar en verano y se alojaba en un principio en Barbatona. Se instaló en el piso de al lado a nuestra casa. En la misma escalera, estaba la casa de Romanones a la derecha y la nuestra a la izquierda. Teníamos un banco verde que se sacaba a la Alameda, donde el Conde hacía una tertulia”. Tiien buen recuerdo de él: “Conmigo Romanones siempre fue cariñosísimo, recuerdo de pequeña de cogerme en brazos cuando venía, de besarme, era muy chiquero, siempre estaba rodeado por sus nietos y nunca le molestaban. Luego ya de casada yo con Jesús (Jesús del Pino) tuve una relación muy fuerte con ellos”. Malile cuenta una anécdota que ilustra sobre la forma de actuar del Conde de Romanones, bien conocido por su caciquismo en la provincia de Guadalajara. “Tenía un secretario que se llamaba Brocas de apellido. En las elecciones el Conde iba prometiendo cosas en los pueblos para que le votasen; a ustedes les vamos a poner la fuente o cualquier otra cosa y el secretario apuntaba las promesas. Cuentan que en una localidad le indicó Romanones a su secrteario, Brocas apunta ‘puente’, y le dijeron pero señor Conde, si no tenemos río. Entonces continuó Romanones, ‘Brocas, apunta ‘río’”.
Hay una calle en Sigüenza que se llama la carretera del Conde y Malile nos habla de su historia: “Mi madre me contaba que en su época iban los condes de Romanones en coche de caballos al Rebollar, luego se hizo el camino que va al pinar que se llamó la carreterilla del conde, para que la condesa fuera al pinar en coche de caballos”.
Malile habla de que Romanones, como político y hombre muy bien relacionado trajo a mucha gente a Sigüenza. También recuerda que se consideraba un sitio muy sano, “entonces había mucha tuberculosis, era una zona que recomendaban a los que tenían esta enfermedad, lo que no quita para que los de aquí, los de mi familia y los de Villamil, se iban a Davos, a Suiza. Los de Madrid se venían aquí y los de aquí se iban a Suiza. Así es la vida”, termina, sonriendo. Fue por aquel entonces cuando empezó a venir la colonia veraniega.

Rosario, sra. de Mendiguría; Paca, sra. de Berna y Maruja, sra. de Santo Floro. Sigüenza. 1925.

Los años 20 del siglo pasado
Su madre le contó que por aquel entonces Sigüenza tenía mucha vida. “Había una audiencia judicial, había mucho teatro de aficionados. De esta época, los años 20 del siglo pasado, recuerda una cancioncilla famosa que en Sigüenza se cantaba adaptando la letra:

Sigüenza, cuatro minutos, tiene ambigú la estación,

Una altura exorbitante para enfermos del corazón,

Paseo de la Alameda, quiosco, silla y velador,

Dos camareros y un dueño.

Ama, que ese niño llora cuando tocan un foxtrot.

Un despechado se toma un vermouth en el mostrador.

Y todo a plena luz, y todo a pleno sol.

El baile en la Alameda, el tenis y el futbol.

Niñas  tratarme bien  que soy un desplumado,

Que no soy pollo pera ni vengo disfrazado.

Malile reivindica la labor de su cuñado Agustín (Agustín de Figueroa y Alonso-Martínez, marqués de Santo Floro, hijo del Conde de Romanones) en la vida cultural de Sigüenza. “Mi cuñado hacía unas funciones que organizaban grupos de por ejemplo, la ‘Calesera’, la ‘Alegría de la Huerta’, todo se hacía a beneficio del asilo”. Las representaciones se hacían en El Pósito cercano al castillo, que estaba habilitado como sala de teatro. Se  muestra dolida de que no se le haya reconocido esta labor: “Le debían haber dedicado una calle en Sigüenza o haberle hecho hijo adoptivo. Mi cuñado Agustín Figueroa adoraba a Sigüenza. Aquí trajo a García Lorca  a diplomáticos y a mucha gente famosa, era escritor y escribió mucho sobre Sigüenza”.

La guerra civil en Sigüenza

Sus recuerdos de la guerra civil son, como los de la mayoría de la gente que la sufrió en Sigüenza, dramáticos. Habla de los trágicos sucesos que se iniciaron cuando un grupo de falangistas  mataron al Carterillo, un socialista que era un buen hombre y llevaba la Casa del Pueblo como represalia por la muerte de Calvo Sotelo. “Entonces mi padre, dijo ¡qué error han cometido! Lo que decimos que siempre hay uno que mete la pata”. Prosigue su relato: “El caso es que después de esto vinieron desde Madrid a buscar a mi padre. Mi madre se extrañó, porque mi padre siempre iba con Romanones a todas partes, pero nunca quiso un cargo político. Nunca quiso ser ni alcalde, ni concejal ni nada de eso, pero iba con él porque le adoraba. ‘¿Y a mí quien va a venir a buscarme si yo no me he metido con nadie?’ Estaban comiendo en casa mi hermano, Mariano Pastor y su cuñado que dijeron que si se llevaban a mi padre tenían que llevarse también a ellos. Mi madre estaba asustada y decidimos esconderlos haciendo un agujero en las habitaciones interiores. Pasaron tres meses escondidos en una casa de las Ocho Esquinas”. Cuando el ejército de Franco tomó Sigüenza. Malile no tiene reparos en decir que entonces le recibieron como una bendición.

Natalia Figueroa y Raphael
Después de la guerra Malile y su hermana María, que acaba de cumplir 100 años, ya casadas, siguieron frecuentando Sigüenza en verano, mientras que su hermano José (Pepito como se le conocía popularmente), Gamboa vivió siempre en Sigüenza. Murió en 1985 y está enterrado en la capilla de la Catedral.
Malile sigue añorando Sigüenza aunque ahora no viene apenas y vive en Madrid. “A mí siempre me ha encantado Sigüenza y una cosa buena de ahora es que aquí que siempre ha habido mucho clasismo, ahora no lo hay, gracias a Dios”.
Por último nos habla de su relación con su sobrina, la periodista Natalia Figueroa, casada con el conocido cantante Raphael. “Siempre fue mi sobrina más querida. A Natalia le entusiasmaba Sigüenza. De niña y adolescente disfrutó mucho aquí. Ha escrito muchísimas cosas de Sigüenza” pero hace años que ya no viene, “es una pena que haya vendido la casa de la Alameda, la parte de Romanones, el piso era de mi hermana pero se la dejó a Natalia”.
Por último nos cuenta algo de su trayectoria vital. “Me casé, tuve dos hijos, niño y niña, cuando murió mi marido, Natalia me propuso ir a México donde actuaba mucho Raphael. En 1981 ya me iba con ella a México, estaba un mes y luego me venía, fueron unos tres años en los que estuve allí, luego se fue a Miami. La primera vez estuve casi un año allí en Miami con ella, luego he estado muchos años pasando dos o tres meses allí”. Vivían en un chalet que perteneció a Richard Nixon y que había unas iniciales en la puerta con las letras R y N. “Entonces pensamos, ya está, Raphael y Natalia. Cuando sus hijos terminaron sus estudios vendió la casa de Miami y ahora ya vivo en Madrid”.
Pero Malile, con una vitalidad y sentido del humor envidiable para su edad es una mujer que no se queda quieta. “Sigo viajando mucho, dejé de ir a Miami pero ahora voy a Suecia porque una hija mía está casada con un sueco”.

La Capilla de Santiago el Cebedeo
La Capilla de Santiago el Cebedeo o de la Mora, fue creada en 1521 por el chantre don Antonio de la Mora, dentro de la catedral como lugar de enterramiento de su familia. Su hermano Alonso de la Mora, tras un pleito con el Cabildo catedralicio que disputaba su propiedad, tomó posesión de la capilla. Casó con doña Violante de la Cerda y Torres, descendiente de Alfonso X el Sabio y a partir de ahí pasó a sus descendientes. Una detallada información sobre los Gamboa en Sigüenza, la capilla de Santiago, el árbol genealógico y los escudos nobiliarios de la familia se pueden encontrar en el libro de Antonio Sevilla “Los Gamboa en Sigüenza y la capilla de Santiago el Cebedeo”, hoy agotado y muy  difícil de encontrar.