Por: Julio Martínez

Francisco Maroto es el regidor de Campillo de Ranas y de todo su Concejo, que incluye a media docena de pedanías. En total, 214 habitantes que se reparten entre todos estos núcleos de población. Sin duda, su tarea al frente del Consistorio no es precisamente fácil, pero a lo largo de los siete años que lleva como alcalde ha mostrado, junto con su equipo de Gobierno, tener las ideas muy claras y una enorme capacidad de trabajo. Una buena labor que se ve reflejada tanto en el crecimiento demográfico que ha vivido el pueblo –ha pasado de 164 a 214 vecinos en siete años– como en el número de visitantes que llegan al lugar todos los fines de semana, que se cuentan por centenares. Y todo ello puede ir a más con la futura declaración parque natural de la Sierra Norte, del que Maroto se muestra completamente a favor.

 
Francisco Maroto en su despacho del Ayuntamiento de Campillo de Ranas

Usted ya lleva siete años al frente del Ayuntamiento de Campillo de Ranas y de todo su Concejo. ¿Cómo se gestiona un Consistorio de poco más de 200 habitantes empadronados y dispersos en varios núcleos?

Después de siete años se lleva bien. Al principio, no tanto. Al ser tan pequeños, y tener tantísimas necesidades, te agobias mucho porque lo quieres todo rápido. No te das cuenta que todo es «piano piano». Las cosas van surgiendo y hay que irlas solucionando como vienen. No te puedes agobiar. Yo, después de siete años en el Gobierno y otros cuatro previamente en la oposición, ya me conozco el funcionamiento del concejo y del Ayuntamiento, y lo llevo bien. Ya no me cuesta no comer. Al principio, cuando salía del Consistorio y me iba a casa, tenía que hacer un parón de una hora, porque no me entraba la comida del estrés que llevaba en el estómago.

¿Quizás faltan recursos para ayuntamientos de las características del de Campillo?

Si. Recursos faltan todos. Yo tengo claro que los ayuntamientos, y sobre todo los pequeños, son los grandes olvidados. De hecho, en la provincia de Guadalajara conozco alcaldes que no tienen dinero ni para pagar el alumbrado público. Fui consciente de esta situación cuando entré en la alcaldía, por lo que este Consistorio ha intentado por todos los medios tener recursos propios. De lo contrario, la situación habría sido insostenible.

¿Qué medidas han tomado para conseguir estos recursos propios?

A mi me ha valido mucho salir fuera. Es una cosa que recomendaría a todos los alcaldes. Todo el que pretendiera dirigir un Ayuntamiento debería ir al extranjero, y ver como se gestiona en otros lugares, y así poder comparar. En este sentido, de lo primero de lo que fui consciente es que era muy importante conservar lo nuestro, que no debíamos imitar. La Arquitectura Negra es algo importante que hoy está dando sus frutos. A nosotros, cuando empezamos a ser duros en el respeto a la arquitectura, se nos acusaba de que no queríamos que viniera gente. Pero el objetivo era que Campillo y su Concejo no se convirtiera en una ciudad, sino que fuera lo que ha sido toda la vida: que hayan 50 ó 60 familias que pudieran vivir a gusto y de algo como es la Arquitectura Negra y el turismo rural. Y esto se ha conseguido mediante la conservación.

Una de las medidas que tomaron en esta línea durante en 2007 fue la adopción de unas normas subsidiarias comunes a Valverde de los Arroyos, Majaelrayo, El Cardoso de la Sierra y Campillo de Ranas. ¿Cómo se creó esta colaboración?

Surgió con la idea de tratar de hacer el plan dinamizador turístico. Lo que no podía ser es que estuviéramos siempre comparando, decir aquello de que en «Majalerayo me lo dejan hacer y en Campillo no». La Arquitectura Negra debe constituirse como algo comarcal y tiene que existir una normativa común para todos, porque somos lo mismo. Una de las cosas más importantes y que siempre he mantenido es que nos creamos una comarca. Unidos podemos hacer algo. Por ello, nos tenemos que olvidar de los egoísmos propios que solemos tener los alcaldes, cuando decimos: «yo quiero para mi pueblo». No, ahora hay que decir: ¡yo quiero para mi comarca!, porque lo que afecte a mi localidad va a tener un influjo positivo para toda la zona. De esto fuimos conscientes en Campillo con las bodas, debido a que salpica a los alrededores a nivel turístico. Cuando hay una unión en el pueblo, se llena la hostelería de Majaelrayo, de Tamajón e, incluso, de Almiruete.

Ha hecho una referencia al plan de competitividad turística. ¿Qué ha supuesto esta iniciativa ya no sólo en lo referente a creación de tejido económico, sino también de acercamiento entre los municipios que forman parte del mismo (Campillo, Majaelrayo, Valverde, El Cardoso y Tamajón)?

Lo que más ha supuesto este plan es ilusión. Sobre todo que ese alcalde, que mantiene una lucha con pocos medios a favor de su pueblo, tenga ilusión porque se han fijado en su localidad y lo han hecho a través de algo grande. Lo segundo, y más importante, es que seamos capaces de juntarnos y de hacer cosas en común entre todos los pueblos participantes. Y también se debe destacar lo que va a quedar gracias a esta iniciativa. Si somos capaces de desarrollarla bien, va a haber resultados positivos. Eso si, hay que dejar claro en qué consiste un plan de competitividad, que se desarrolla sobre una materia de la que ya existe una base previa. De esta forma, lo que trata la propuesta es de hacer competitivo ese turismo que ya recibimos. Por ello, se están desarrollando cosas tan importantes como una página web conjunta de la comarca en condiciones, que las rutas estén señalizadas o que nos visite gente de diario.

¿Cómo se puede conseguir que a la zona llegue turismo de lunes a viernes?

Sobre todo con la información. Se está creando a través de una agencia de turismo un contacto a nivel internacional, que permita la existencia una agencia en Londres que publicite la Arquitectura Negra, y se pueda encargar y pagar el pasaje desde allí.

¿Este contacto exterior ya lo han conseguido?

A través de la gerencia del plan ya se está trabajando en ello. Resalto todo esto porque debemos tener claro que esto no es un plan de infraestructuras para construir calles ni carreteras, sino una iniciativa para hacer competitivo el turismo.

Además, hay un organismo que usted preside, la Mancomunidad de Servicios del Ocejón, en el que una de sus competencias es el turismo. De hecho, abrió hace unos años una oficina de recepción de visitantes en Tamajón. ¿Cómo están funcionando estas instalaciones?

La oficina está funcionando bien. Lo que pasa es que los recursos son pocos. Hay que tener en cuenta que la mancomunidad tiene dos ayuntamientos potentes, que son Tamajón y Campillo de Ranas. Los demás son pueblos muy chiquititos. Es un gran esfuerzo para las localidades de menor tamaño tener que hacer la aportación para el mantenimiento de este servicio. Y hay que ser conscientes que lo que tenemos ahora es una visita de fin de semana, momento en que permanece abierta la oficina. No obstante, funciona muy bien. Y esto se puede comprobar en que hay un promedio de entre 200 y 300 consultas cada fin de semana.

De cara a un futuro, cuando ya se condense lo de la promoción exterior, ¿tienen pensado abrir estas instalaciones entre semana?

Eso sería el culmen. Esta claro que cuando haya más visitas entre semana todos creceremos y ganaremos, y podremos mantener abierta una oficina de turismo de lunes a domingo. Eso sería lo ideal.

Uno de los pilares del turismo en Campillo está siendo todo lo relacionado con las bodas. ¿Cómo comenzó este fenómeno?

Este asunto surgió con un acto militante del alcalde de Campillo de Ranas, cuando aparecieron alcaldes a nivel nacional que aseguraron que objetarían a la ley de matrimonios gays. En ese momento yo me vi en la obligación de salir y decir «yo también soy alcalde electo y estoy dispuesto a casar». Este acto militante nunca pensé que fuera a tener la repercusión que ha obtenido, aunque si me lo hubiera planteado también lo hubiera hecho, porque se ha convertido en un medio gratuito de promoción. Nos ha puesto a Campillo de Ranas y a toda la zona en el mundo sin gastarnos un duro. Se montó un follón mediático, se conoció el pueblo y, a raíz de eso, nos han llegado a hacer una película, «Campillo si Quiero», que se ha proyectado por diversos puntos del planeta. Es algo que nos viene muy bien a nivel económico, como recurso propio del Ayuntamiento, y porque la comarca tenía visitas desde el puente del Pilar al de mayo. Pero el resto del año se acababa el turismo. Ahora, en cambio, gracias a las bodas, la hostelería tiene ese influjo también durante el verano.

Sin embargo, ¿no tiene miedo que todo este marketing genere a Campillo de Ranas el cliché de «pueblo gay» y que determinado grupo de gente no vea más allá?

Eso fue al principio. Inicialmente incluso la prensa nos machacó un poco en este aspecto. Pero creo que el tiempo pone a cada uno en su sitio, y la realidad es que el 20% son bodas gays y el resto son casamientos heterosexuales. Lo que se elige es el destino. De lo que hay que ser conscientes, sobre todo en esta provincia, es que los pueblos no se visitan, están abandonados y cuentan con una población muy envejecida. Sin embargo, en Campillo de Ranas se ha multiplicado la población. Cuando nosotros entramos como Equipo de Gobierno en 2003 éramos poco más de 160 empadronados, y ahora somos 214. En este tiempo se volvió a abrir la escuela con diez niños, llegando a ser 23 matriculados en la actualidad. No digo que sea por las bodas, pero que han tenido su parte de culpa también es cierto, porque nos han dado a conocer.

En otro orden de cosas, en toda la comarca de Campillo se han instalado bastantes profesionales liberales (arquitectos, abogados, periodistas…). Sin embargo, hay un hándicap: la baja conexión a Internet…

A mi me lo están pidiendo todos los días. Campillo doblaría la población si tuviéramos los medios de comunicación en condiciones. Yo estoy harto de pelear con el director general de Telecomunicaciones y Ciencias de la información de la Junta, con diferentes consejeros… Pero lo que no me entra en la cabeza es que nos queramos colocar en el mundo y atraer a la gente a vivir al pueblo, y que no se puedan conectar a Internet, que no tengan cobertura de móvil 3G o que sólo exista cobertura de MoviStar. Y sería tan fácil como poner una zona wifi a través de una conexión vía satélite o meter el 3G para poder conectarse a través de los dispositivos USB de Internet inalámbricos. A mi no me vale la chapuza de la antena parabólica de 300 ks/s, porque si yo en la Arquitectura Negra tengo que poner una «paellera» de metro y medio de diámetro y estropear el pueblo para 300 kb/s, no me merece la pena.

¿Qué soluciones concretas le han ofrecido desde la Junta de Comunidades, que es la administración competente en este asunto?

Ninguna. Siempre me dan largas. Llegó un momento en que nosotros –y me arrepiento no haberlo hecho hace dos años– estábamos dispuestos a pagar desde el Ayuntamiento la instalación de ADSL por sistema wifi desde la torreta de repetición. Y a mi se me dijo desde la Administración que ya venía la conexión, que no preocupara y que no hiciera esa inversión con la empresa con la que habíamos hablado. Yo me lo creí, pero veo que no se cumple la promesa. Ahora mismo, Campillo de Ranas tiene la centralita preparada para introducir el chip que permite el funcionamiento del ADSL. Además, nosotros autorizamos hace cuatro años a que nos pusieran postes por todo el pueblo para instalar el ADSL. Está todo preparado y no lo ponen porque no quieren. Es más, el ADSL a través de fibra óptica llega hasta Tamajón.

En la actualidad, ¿qué conexión tienen en el pueblo?

Ahora contamos con una velocidad de 56 kb/s, y además nos quedamos sin teléfono fijo cada vez que nos conectamos a Internet.

¿Tienen calculados los usuarios que solicitarían engancharse a la red en el caso de que hubiera ADSL?

En todo el Concejo serían unas 80 personas. Aquí el problema es que Telefónica es una empresa privada, y están acostumbrados a que lloremos los alcaldes para que nuestro presidente Barreda meta dinero y les subvencione su llegada a los pueblos.

Por lo tanto, ¿la solución pasaría porque Telefónica fuera una empresa pública?

Totalmente. Si hubiera sido una empresa pública no pensaría únicamente en los dividendos de los accionistas. Hubiese equilibrado los beneficios que recibe en determinadas zonas, como el Corredor, con la prestación del servicio en otras comarcas menos rentables. Pero aquí es sólo ganar. Además, no ven más allá. Desde un despacho dicen: «Campillo de Ranas, un pueblo de 200 habitantes en la sierra de Guadalajara», y no saben que aquí vienen 1.000 personas en un fin de semana. A esto se añade que Toledo está muy lejos. Tengo claro que fuera de los consejeros de la provincia, el resto de los miembros del Gobierno regional no conocen este lugar. No saben donde estamos. El presidente Barreda no ha venido por aquí nunca. Si que se ha acercado a Valverde y a Cantalojas, pero aquí no. A Barreda le deben pitar los oídos desde Campillo, porque le habremos escrito unas cinco veces explicándole todo lo que acabo de comentar.

A parte de las nuevas tecnologías, ¿qué otras necesidades tendría la localidad?

Son muy importantes todas las comunicaciones: la carretera, ADSL, teléfono en condiciones… También es importante el tema del agua. Estamos acostumbrados a beber el agua como las ovejas porque no tenemos infraestructuras. Aquí tendría que funcionar la red de agua de Castilla La Mancha como lo hace el Canal de Isabel II, y tendría que haber potabilizadoras. Es una barbaridad dejar en manos de los pequeños alcaldes la potabilización de las aguas. Igualmente, es necesaria la depuración, porque no puede ser que contemos con una visita masiva, no tengamos depuradora y que nuestros arroyos se conviertan en cloacas. La Sanidad funciona y de la Educación tampoco tengo ninguna queja. Algo que es muy importante, porque ambas materias son las bases de la sociedad.

Para finalizar, ¿se va a presentar a las próximas elecciones?

Si. Tengo claro que si hubiera otra alternativa de izquierdas con la que el Equipo de Gobierno estuviera de acuerdo, no nos presentábamos. Pero lo que no se puede hacer es tirar por la borda todo el trabajo que hemos hecho durante todos estos años. Entonces hay que seguir.

Una imagen de la arquitectura negra.