Comenzamos un nuevo año. Comenzamos otro renglón de la historia en el que se nos brinda la posibilidad de hacerlo de la mejor forma posible. Desde este “rincón” de la historia, a todos vosotros, feliz año nuevo.
Para comenzar este año nos adentramos en unos cuantos obispos que dada su brevedad parece haber mucha confusión con ellos, ya que a los largo de la historia, los propios historiadores no han tendido un consenso mayoritario sobre ellos. Decimos mayoritario porque un consenso total entre historiadores es casi una cosa imposible.
El primero de estos obispos es Don Blasco. Éste obispo sucedió a Fray Alonso, obispo que nos ha caído simpático a muchos de los lectores. Quizá menos simpático nos puede caer Don Blasco ya que toda la documentación de la que disponemos no llega a cinco hojas. Estas se centran sobre todo a la disputa entre su existencia, su episcopado en Sigüenza y sus años de vida.
Muerto Fray Alonso, eligen como obispo de Sigüenza, 1340, al canónigo de Ávila, Don Blasco, o Don Blas. Él pastoreó la diócesis de Sigüenza un breve periodo de tiempo, un año. Murió repentinamente y fue enterrado en Ávila ya que él amaba esta tierra de donde había salido y donde se había criado.
Toda la disputa sobre Don Blasco surge por su epitafio mortuorio. Este reza así, “Don Blasco, obispo de Sigüenza, finó año 1334”. Si seguimos con buen hilo el orden de nuestros obispos, descubrimos que tal fecha de la muerte es imposible como obispo de Sigüenza, ya que en ese año, el pastor de la diócesis era Don Fray Alonso ¿Qué paso entonces?
A esta duda se le pueden dar varias interpretaciones y esto es lo que ha pasado. Algunos dan por hecho que el sucesor primero de Don Simón Girón de Cisneros, cosa no muy acertada porque ninguna teoría hace dudar de que el sucesor inmediato a Simón fuese Fray Alonso. Otra posibilidad quizá la más acertada nos indica que la sepultura de Don Blasco es errónea. Ya que la fecha de su muerte es 1341.
Desde aquí nos inclinamos al error de escritura en la sepultura de Don Blasco. Quizá por alguna mala transcripción, quizá hasta por la incultura del cantero, el año de la muerte de Don Blasco choca con la lógica normal del episcopologio seguntino y por ello hay que admitir la posibilidad de que exista el fallo en su tumba ¡Grande para el resto de la historia!
Poco más se sabe de este prelado, lo más que llegamos a saber es que obtenía buenos beneficios tal y como queda reflejado en los archivos pontificios, cosa habitual para este momento histórico en el que vivió Don Blasco. Con este dato se puede llegar a decir, que era un pastor hábil en la gestión económica de nuestra diócesis. Una habilidad siempre necesaria para todos aquellos que trabajan por el cielo con los pies en la tierra.
Un obispo breve, quizá breve y sigiloso en la historia porque sencillez y humildad fueron sus virtudes durante su vida, o quizá brevedad y sigilo porque muchas veces la historia se olvida, se cambia o se malinterpreta, pero de Don Blasco, poco más, obispo de 1340 a 1341.